Los primeros andaluces que pasaron por el Tribunal de Orden Público franquista fueron diez jornaleros comunistas de Herrera y El Rubio, detenidos el 30 de mayo de 1962. Lo leo casi de madrugada en La resistencia andaluza ante el TOP en Andalucía 1963-1976, de Alfonso Martínez Foronda, Pedro Sánchez Rodrigo y Eloísa Baena Luque, editado en 2012 por la Fundación Estudios Sindicales y Archivo Histórico de CC.OO (que está disponible para descarga aquí).
La mayoría de nuestros compatriotras ignora que existió el TOP franquista lo mismo que desconoce que hubo cientos de campos de concentración y de trabajo esclavo desde el mismo día del golpe de estado hasta comenzar la década de los 50 del siglo pasado. La nueva película de Eloy Enciso, titulada Todo es cárcel –inspirado en una frase del poeta y represaliado Marcos Ana–, se pregunta por ese agravio comparativo de la falta de cine sobre los campos de concentración españoles respecto de la «cinematografía inmensa» sobre los campos nazis en la Segunda Guerra Mundial.
Todo es cárcel, según cuenta la web Ventura, «reflexiona sobre los principales aspectos de este oscuro episodio del primer franquismo: hacinamiento, hambre, enfermedades, torturas, ejecuciones, adoctrinamiento, corrupción… pero también la lucha, los tiempos muertos y la solidaridad entre los presos y presas». En eldiario.es hay un artículo sobre la película –que acaba de ganar el Gran Premio de la Competición Internacional del festival FID Marseille– como catalizadora de la idea de vivir en un país donde cada día pisamos antiguos campos de concentración.
A media mañana leo una noticia sobre Paca Saraiba, fallecida a los 99 años sin saber si uno de los restos exhumados en su pueblo, Jimena de la Frontera, se corresponden con los de su padre, asesinado cuando ella tenía apenas 9 años. Al publicarlo, el comentario elocuente de mi compañero Miguel Guerrero en Facebook:
La enorme tardanza en la entrega de los cotejos del adn a los familiares de víctimas en Andalucía sigue sin resolverse. El atasco que se produce en el laboratorio de la UGR es responsabilidad de la Junta de Andalucía que hace oídos sordos a la petición de descentralización de estas pruebas en cada ámbito provincial andaluz. Mientras, lamentablemente, otra familiar de víctima fallece después de larga espera sin conocer los resultados. Esta larga espera supone una segunda muerte. Descanse en paz, Paca Saraiba. Su lucha no será en vano.
Esperemos que no suceda lo mismo con las personas que en los próximos días darán sus muestras biológicas en Aracena.
