¿Es el tiempo la distancia más larga entre dos lugares?

¿Es el tiempo la distancia más larga entre dos lugares?

Ha vuelto a retrasarse el tren por «incidencias técnicas»; el siguiente tarda media hora en llegar. No lo siento por el ministro tuitero: a veces es agotador defender el transporte público en el andén de la estación. A cambio, me anima una pegatina de La Francia Insumisa junto a la boca de metro del Prado de San Sebastián. A eso de las 10,30 aparece por la oficina de Diputación Fernando Peraita, de la Asociación de Amistad con el Pueblo Saharaui, con quien charlo un rato sobre Ceuta, Margarita Robles y Marlasca; el resto de la mañana de oficina transcurre sin apenas tráfico humano ni sonidos de la calle tras los cristales de mi despacho, acaso algunas pisadas ruidosas de suela de goma por los pasillos vecinos.

De regreso a casa en tren, a mediodía, me termino La vida de ellas; absorto, si me llega a quedar una página más me bajo en Cantaelgallo. Escribió Tennessee Williams que el tiempo es la distancia más larga entre dos lugares pero, al cerrar el libro, lo primero que se me viene a la cabeza es que no hay tanto trecho entre las vidas de ellas en aquel Tokio de principios del siglo XX y las de algunas hoy, aquí, principios del XXI. De todas las personajes que me han acompañado en la lectura voy a echar de menos, sin dudar, a la joven Tomie del relato titulado Resignación.

Devuelvo el volumen a su hueco original en la estantería y cambio completamente de pantalla: empiezo En manos de la desinformación.

Antes del almuerzo, mi hijo me muestra un vídeo con una serpiente monocolor de coches y motos de la guardia civil entrando en el Arenal por la Avenida de Sevilla, dando la vuelta a la plaza y volviendo por donde han venido. Supongo que tiene relación con la competición ciclista que ha salido de Dos Hermanas.

Como viajo menos, por necesidades del guión, me conecto más a videoconferencias. Esta tarde he dedicado la siesta a una sobremesa con camaradas de otros pueblos de la provincia, que ahora veo menos de lo que me gustaría. La planificación semanal que tengo tanteada es más o menos así: lunes, miércoles y viernes fijos en Diputación (coincidiendo allí con Fran García Parejo todo lo posible), martes en la sede local de IU y jueves en nuestro grupo municipal. Todo esto con flexibilidad, claro, sin encorsetar horarios hacia lo imposible.

Este miércoles la banda sonora de mis idas y venidas en tren, o caminando por Sevilla, la han tocado Ryuichi Sakamoto (async, 2017), Julia Holter (Materia, 2026) y Lambchop (Punching the Clown, 2026). En el coche suena un cd de Trentemøller (Chronicles, 2007) y en casa leo, escribo, trabajo y realizo mis tareas domésticas con Radio Clásica siempre encendida.