No te escandaliza la guerra, te rebelas por las pestañas de la Macarena o cambiando de compañía eléctrica. La historia enseña pero no tiene alumnos, que decía Gramsci.
Los caminos del capricho cultural son inexcrutables. A Bill Fay lo ignoraron en los años hippies, pero fue rescatado a comienzos de este siglo. Hace unos días que falleció en su Londres natal, con 81 años y un zurrón de medio siglo de canciones preciosas.
Me pidió Silvia que le regalase mi agenda cuando acabase el año, que le da tranquilidad verla. No echo de menos los mundos analógicos porque me he mantenido en ellos lo justo y necesario para sobrevivir en la jungla.
Dice el gobierno andaluz que cierra aulas y elimina líneas de colegios públicos por la bajada de la natalidad. A los privados concertados no les afecta que nazcan menos niños y nñas, al parecer, debe ser que nacen predestinados.
Tarde de lluvia en nuestra sede de Dos Hermanas, compartiendo merienda con Inma Nieto y Antonio Montaño, que saben un rato largo sobre la defensa de la sanidad pública andaluza, en las instituciones y en las movilizaciones.
Me pregunto qué escribiría hoy Orwell sobre la nueva criptomoneda con la cara de Trump, el saludo nazi del hombre más rico del mundo o del concepto de libertad que profesa la presidenta madrileña.
Unos días de descanso, el teléfono móvil al ralentí, paseos sin prisas y conversaciones con las personas que más quiero. Leer, escribir, escuchar, mirar, amar. Feliz 2025.
El escribano palustre iberoccidental está en peligro crítico de extinción, al contrario que la egolatría. Con él aprendí que las tecnologías nos pueden llevar a una sociedad jardín o a un desierto de progreso. Todo es susceptible de metáforas, menos tú.