Sobre las 5:25 oigo deslizarse veloz el primer tren que atraviesa Dos Hermanas. A partir de esa hora empiezan a circular algunos coches por la plaza y treinta minutos más tarde, acercándose las 6 en punto, se desperezan las persianas de El Niño. Luego se escuchan el pitido de las puertas del cercanías de las y 12, los motores al ralentí de los autobuses urbanos y las faenas de limpieza del Arenal.
Aún no ha amanecido, pero al pueblo ha llegado la mañana de un extraño día laborable de final de agosto.
Recopilo y pongo en fila india las noticias sobre las carencias educativas presentes y previsibles en Entrenúcleos. Del 17 de mayo de 2021: «La Junta invierte más de 3,3 millones en construir un nuevo instituto en Dos Hermanas»; del 26 de agosto de 2023: «Entrenúcleos estrenará un colegio público para el curso 2024/2025»; del 25 de febrero de 2026 (precampaña electoral andaluza): «La Junta adjudica por 12,4 millones las obras de dos nuevos centros públicos en Dos Hermanas»; días después, El Correo republica «Entrenúcleos, el nuevo barrio de Dos Hermanas, estrenará colegio e instituto en el curso 2027-2028», entiendo que erróneamente, a no ser que entienda que la zona del Way se considera parte de Entrenúcleos… Y las más recientes: «Inicio de obras del nuevo IES y la segunda fase del CEIP Entrenúcleos» (esta sí correcta, en La Semana) y «Entrenúcleos suma cada vez más niños pero inicia otro curso sin colegio ni instituto público: Dos Hermanas reclama más centros», ambas de ayer.
La reflexión telegráfica que me hago es la siguiente: creamos una ciudad nueva (Entrenúcleos), donde el crecimiento de la población estimada a medio plazo llevará a Dos Hermanas a los 200.000 habitantes; donde el precio del metro cuadrado construído hace imposible disfrutar del derecho constitucional a una vivienda digna sin dedicarle un salario completo a la hipoteca; donde hay un estudio del BBVA advirtiendo que no hay infraestructuras eléctricas que puedan soportar ese volumen de viviendas; y ya, además, donde la Junta de Andalucía lleva años de retrasos (recortes en diferido) a la hora de poner en marcha colegios, institutos, centros de salud… para cubrir las necesidades de la nueva población. Todo esto sin hablar del volumen de coches, del tráfico, la readaptación del transporte público, la colmatación del territorio…
Y la pregunta ¿Era necesario? ¿Había que forzar el crecimiento natural de Dos Hermanas y absorber el de otros municipios –particularmente Sevilla ciudad– a estos niveles? ¿Quién se beneficia y a quién perjudica este nuevo boom inmobiliario?
Pienso en ello mientras friego la vajilla. Durante las vacaciones, sin las prisas del resto del año, mi cocina es un magnífico espacio de reflexión y el fregadero un diván con vistas al patio interior del edificio. Mis mayores me enseñaron que la crítica política siempre tiene que llevar aparejada una propuesta alternativa y, también, que no se puede pisar sobre lo fregado: lo de Entrenúcleos ya está corre que vuela, así que la materia gris debemos dedicarla a resolver las consecuencias.
También me entretengo bloqueando y eliminando bulos, insultos y comentarios fascistas en mis perfiles de redes sociales.
Por la tarde, en el Club Vistazul, quedamos con Jesús Marín y la buena gente de Lopak para seguir echando una mano en el documental que están preparando –por encargo del ayuntamiento– sobre la fosa común donde los fascistas arrojaron a las víctimas del golpe del 36. Es la segunda vez que nos vemos: en la anterior le facilitamos el retrato del alcalde Antonio Muñoz Benítez que conservamos, como oro en paño, en nuestro grupo municipal.

Truman Capote escribió aquello de «Soy alcohólico, soy homosexual, soy drogadicto, soy un genio». Según la película que vi anoche en Filmin, James Joyce se quedó en lo primero y en lo ultimo, al menos, y su mujer –Nora– sufrió de él ambos rasgos (y algunos más).

