Texto: Juan Morillo Lora.
Hoy hace noventa años que asesinaron a 55 hombres y 20 mujeres en Fuentes de Andalucía (Sevilla). A nueve de ellas les arrebataron sus vidas aquel terrible 27 de agosto de 1936 en un cortijo llamado El Aguaucho, de ahí el nombre con el que se las conoce: Las Mujeres del Aguacho.
Sus nombres para la historia:
Coral García Lora, de 16 años;
Josefa García Lora, de 18 años;
Josefa González Miranda, de 18 años;
María Jesús Caro González, de 18 años;
Joaquina Lora Muñoz, de 18 años;
María Lourdes León Becerril, de 22 años;
Dolores García Lora, de 25 años;
María Caro Caro, de 35 años;
Manuela Moreno Ayora, de 40 años.
Los criminales, un grupo de falangistas y golpistas.
Ellas, hijas de jornaleros y jornaleras, formaban parte del compromiso de las mujeres en la defensa de la República, participando y animando las manifestaciones que se organizaron para festejar su proclamación, llevando banderas tricolores que ellas mismas bordaban. Mujeres que consiguieron ser admitidas en La Casa del Pueblo, centro cultural donde acudían las personas después de su jornada laboral a reunirse, a aprender a leer y escribir, a oír la radio, a escuchar música, a cantar, a hacer teatro, ojear libros… y también en la Sociedad de Obreros y Campesinos, donde asistían a las asambleas y mítines que organizaban… en definitiva, a descubrir una cultura, una formación y una vida que hasta entonces les había sido negada.
Ellas, junto a dieciocho mujeres más –en este pueblo asesinaron a veintisiete–, eran reivindicativas y estaban organizadas. Ante la consigna de los terratenientes de dejar sin cultivar las tierras para provocar paro y hambre (“¿No queríais república? pues que os dé de comer la República”, decían), organizaron una huelga de brazos caídos, negándose a ir a limpiar y trabajar en las casas de los señoritos boicoteadores. “Si nos dejáis sin trabajo y sin jornal no iremos a servir a vuestras casas”, respondieron.
Mujeres trabajadoras, jornaleras y sirvientas que vivieron con la República la posibilidad de desarrollarse como personas y combatir las desigualdades que estaban soportando. Eran mujeres que reivindicaban su puesto en una sociedad que se estaba construyendo, lucharon por él y dieron su vida por ello a manos de unos asesinos que las vejaron y ultrajaron antes de matarlas.
Toda esta historia la conocemos por tradición oral. Las mujeres del pueblo, sobre todo ellas, ante el silencio impuesto, la guardaron y la contaron a sus hijos.
En los documentos de los archivos oficiales solo se han encontrado certificados de defunción que atribuyen a “la guerra” la causa de sus muertes y una mención en varias declaraciones de testigos: “fueron pasadas por las armas mujeres en estado de gestación y algunas de dieciséis y dieciocho años…” se lee en el “Expediente Moyano”, una causa abierta a un cabo de la guardia civil.
Estos hechos y sus nombres aparecen escritos por primera vez en un libro del historiador local José Moreno Romero en el año 1999, “Fuentes de Andalucía. Crónicas del Siglo XX”. Desde entonces se han publicado varias obras de investigación, películas, canciones, teatro, novelas, murales y artículos periodísticos que divulgan la historia de estas mujeres, un monumento que en el Parque Luchadores por la Libertad de su pueblo natal homenajea a estas militantes de izquierda, defensoras de la república y feministas que fueron “eliminadas” por las ordenes de un general asesino que planeó un golpe de estado y lo llevó a cabo con la colaboración de otros militares traidores, fuerzas políticas reaccionarias, falangistas, la iglesia católica, la burguesía financiera y terrateniente y gobiernos extranjeros, que sumió a todo un país en una terrible matanza y más de cuarenta años de una negra dictadura.…
Eran mujeres antifascistas, luchadoras organizadas a las que les debemos nuestro compromiso memorialista y feminista. Somos deudores y deudoras de este grupo de nueve mujeres y dieciocho más que, junto a noventa y un hombres, fueron las víctimas que el terror golpista y la posterior dictadura provocó en Fuentes de Andalucía, un pueblo de apenas siete mil habitantes.
Después de muchos años buscando los restos de estas víctimas y de muchas investigaciones y tierra removida, se han hallado los de Las Mujeres de El Aguaucho, junto a los de otros siete hombres víctimas, en una fosa común del cementerio del vecino pueblo Cañada Rosal. Los demás, hasta 118 víctimas, continúan ocultos donde sus asesinos enterraron su crimen.
Honor y gloria a las mujeres trabajadoras, obreras y feministas, que lucharon y dieron sus vidas en defensa de la libertad y la justicia.


