Livin’ thing

Livin’ thing

Recibir este mensaje nada más empezar la mañana… ¿no es maravilloso?

Buenos días, soy Sonia L. La novela sobre las aceituneras ha sido premiada y se ha publicado. Me encantaría regalarte un ejemplar.

A las 12,00 inauguramos las Jornadas de Memoria Histórica y Democrática en el precioso patio de columnas de la Casa de la Provincia. Entre los paneles de la exposición que me alumbró como Coordinador del Observatorio hace un año y dos días, el protocolo me pone tras las intervenciones del diputado Casimiro Fernández, la rectora de la Universidad de Sevilla, el Secretario de Estado (que ha aprovechado el viaje para firmar el convenio de creación de la Cátedra de Memoria Democrática ‘Bartolomé Clavero’ de la Universidad de Sevilla, cuya dirección corresponderá al profesor Alberto Carrillo) y el presidente de Diputación, Javier Fernández.

Con la agenda bastante retrasada, subimos a la proyección de un vídeo inmersivo –que estará visible todo el verano– y luego pasamos al salón de actos para escuchar la conferencia de Juan Sisinio Pérez Garzón (Universidad de Castilla La Mancha) titulada Memoria e historia: dos saberes en tensión, ni opuestos ni iguales.

Un comienzo filosófico de raíz cristiana, pacifista y feminista que parte de la audiencia no compartimos cuando lo desarrolló sobre el territorio concreto de la memoria histórica y democrática (de eso se trata, ¿no?).

Marx y Engels están en todos los libros. En ninguno aparecen las líderes del movimiento sufragista estadounidense Elizabeth Cady Stanton y Susan B. Anthony, que publicaron un importantísimo manifiesto feminista el mismo año del Manifiesto Comunista.

Acabamos tarde, así que me quedo a comer en Sevilla. Mientras tomo café suena Livin’ Thing de la Electric Light Orchestra. Afortunadamente no hace el calorazo de otras tardes pasadas.

It’s a livin’ thing / It’s a terrible thing to lose. («Es algo vivo / Es algo terrible de perder»).

La sesión de tarde coincide con que juega España. En las jornadas hablamos de La Ciencia de la Memoria y contamos con Juan Carlos Álvarez Merino (LABIGÉN, de la Universidad de Granada) que nos habla de la identificación genética en el contexto de la Memoria Democrática. No paro de hacer fotos a los paneles, no dejo de tomar notas.

«La ley de memoria andaluza fue pionera en cuanto a programa de identificación de v?timas. En la actualidad existen dos bases de datos de material genéticos, una de perfiles de restos óseos y otra de perfiles genéticos de familiares de desaparecidos. Cuando se hace el cotejo de ADN y hay coincidencias se revisan con datos antropológicos para reforzar la compatibilidad».
«Formulario de consentimiento informado que se envía al Comisionado para la Concordia. Existe una guia visual para identificar qué familiares son más informativos en el análisis genético. Sobre las dificultades en la toma de muestras de familiares, el principal problema es -obviamente- la distancia familiar: no hay muchos hijos de víctimas y el ADN de los familiares indirectos (nietos) se va diluyendo… incluso hay un porcentaje elevado de ausencia de familiares vivos».
«También hay dificultades con las muestras de restos óseos. No todos conservan ADN en cantidad suficiente; la antiguedad de más de 80 años provoca fragmentación, oxidación y daños que reducen la cantidad de fragmentos; los suelos ácidos y la humedad haceleran la degradación, asi como el ADN ambiental -batcterias, hogos,etc.- pueden contaminar la señal genética de la víctima. A finales de los 90 y principios de este siglo habría sido el momento más apropiado para lograr analizar los ADN con suficientes conocimientos técnicos y 25 años antes que en el momento actual».

Más tarde, Manuel de la Mata (Universidad de Sevilla) sobre La memoria que hacemos y la memoria que nos hace: memoria e identidad en una sociedad democrática y finalmente Mar González Rodríguez (Universidad de Sevilla) Psicología entre fosas.