En Le Monde Diplomatique de febrero hay una reseña del libro La trampa de la democracia. Sobre la perversión del sistema democrático en España, de Santos Manuel Cavero López (Mandala Ed., 2025), donde se muestra como ejemplo de perversión «la transición, que presentada como un modelo de reconciliación dejó intactas muchas de las estructuras de poder heredadas del franquismo».
La misma edición del mondiplo tiene un artículo de Anne Mathieu dedicado a libros publicados en Francia sobre la Guerra Civil española, una «cosecha abundante» de ellos como «cada año terminado en 6». Entre ellos, Folies d’Espagne. Ombres et lumières d’un anarchisme de guerre, antología de textos recopilados por Freddy Gómez, que escribe:
«En unos tiempos que la historia envuelve ya en su pesado manto, mujeres y hombres se lanzaron al asalto del cielo, extrayendo de sí mismos las fuerzas necesarias para resistir al fascismo, mientras ponían los cimientos de otro mundo, libre de explotación y dominación».
Recuerda el artículo que, el pasado noviembre, los defensores del franquismo quisieron celebrar a su lider una misa en París.
«Los verdugos se convierten en víctimas: tal es una de las operaciones básicas cuando se niega el genocidio». El artículo de Razmig Keucheyan ¿Cómo negar un genocidio? alude a las lógicas y los métodos de negación que se vienen utilizando desde hace más de un siglo para minimizar, ocultar y reescribir la historia de un concepto creado por Raphael Lemkin (1900-1959). El texto se centra en lo que hicieron los turcos en Armenia (1915-1916), y finaliza con el genocidio por atrición (muerte por la destrucción de las condiciones de vida) que practican los sionistas con el pueblo palestino.
El genocidio que perpetró Franco con la España democrática, ampliamente documentado por autores como Francisco Espinosa o Paul Preston (y evidente en las alocuciones de asesinos de masas como Queipo), incluyó también la excusa de la «criminal prolongación de la lucha de los rojos» que utilizó Serrano Suñer en septiembre de 1936 para justificar el hambre y la falta de gasolina, electricidad, arroz, leche y carne y, diez años más tarde, el propio dictador Franco usó los mismos argumentos en una entrevista al periódico falangista Arriba. Como demuestra Miguel Ángel del Arco Blanco en La hambruna española, las víctimas fueron «especialmente aquellas personas vinculadas a las clases bajas (…) identificadas con la defensa del proyecto republicano. De hecho, la hambruna del franquismo fue también la hambruna de la «Victoria»: las lógicas del castigo a los vencidos se extendieron a la gestión del hambre y acabaron con las vidas de muchos republicanos y sus familiares».
Según del Arco, debemos entender las hambrunas «como atrocidades o crímenes, porque la inanición masiva es también una forma de violencia sobre las poblaciones civiles. (…) En España, el hambre que debilitó y liquidó a muchas personas -más de 200.000- no fue una consecuencia de la violencia, sino una forma de violencia en sí misma».




