Comenzar

Se dice que vivir es siempre comenzar. Mi primer día como coordinador provincial ha transcurrido entre llamadas y mensajes, que creo haber respondido todos, siquiera con un «gracias» o un «me gusta», no por breves menos agradecidos. Algunas entrevistas, conversaciones de trabajo, intercambio de impresiones y una excelente noticia cercana.

Diálogo de fugitivos

«Nosotros no necesitamos el apetito, tenemos el hambre». Ayer cerré un libro en la piscina municipal (‘El alma del hombre bajo el socialismo’, de Oscar Wilde) y hoy he abierto ‘Diálogo de fugitivos’, de Bertolt Brecht. La edición que tienen en la biblioteca es de 1973, es decir, una joya de bolsillo publicada en plena agonía del régimen.

Moon River.

Durante treinta años viví en un piso bajo de un edificio de cuatro plantas, por mi ventana pasaba la gente y nunca sabías si se miraba en el cristal o husmeaba por el interior. Ahora, en las noches de ventanas abiertas, desde la cama puedo ver las copas de las palmeras a la altura de mis ojos, y, más allá y más abajo, las farolas encendidas de la avenida Ramón y Cajal, que tantas veces recorrí camino del instituto, e incluso, a lo lejos, hundidas en la Sevilla al nivel del mar, las balizas de luz roja en lo más…
La lógica

La lógica

Mi cuaderno es también contenedor de historias. En él, además de escribir mis cosas, guardo pequeños tesoros que voy recogiendo de aquí y de allá. Ayer, por ejemplo, inserté una reproducción de una original señal de tráfico que me ha traido de Florencia mi compañero-jefe, Fernando. Allí, las calles se están llenando de peces-flecha de dirección obligatoria, o sierras que cortan el trazo de prohibido el paso, o la convierten en escultura, como en la imagen de arriba. Mi cuaderno conserva también un recorte de la revista Babelia, un artículo escrito por Santiago Auserón, titulado "La deuda griega", que guardo…

Maneras de vivir

Los niños son como […aquí una broma políticamente incorrecta…]: cada descubrimiento es una traca. Ayer, mi pequeño Marcelo me ayudó a tender la ropa y me preguntó si sabía que «hay un país muy grande muy grande que se llama Estados Unidos». Era la primera vez que mencionaba conscientemente al imperio (cosas de un capítulo de Doraemon) y, también, la primera que tendía unos calcetines con unas pinzas; en ambos casos, su emoción ante nuestra rutina.

Extraños en el escaparate

Hay otros mundos, pero están en este. No sé si el poeta Eugène Grindel, autor de la frase, llegó a imaginar la dimensión de una afirmación tan desastrosamente actual, hasta el punto de que esos otros mundos no sólo existen, sino que son abrumadores, son este, y ahora los otros son los menos.

En nuestra ciudad decaída, los otros mundos son legión: legión de personas desempleadas, de personas en riesgo de exclusión, en riesgo de desahucio/lanzamiento, con los saldos en números rojos, con el contrato de trabajo en precario o a cuatro días de cumplirse, en las listas de espera de las consultas del psiquiatra o los servicios sociales municipales.

Paroxismo retro

Paroxismo retro

Ahora que Marcelo ha empezado el colegio, me acuerdo mucho de una frase que dijo Eduardo Haro Tecglen en cierta ocasión: los niños se levantan un día por la mañana, van por primera vez a la escuela, y ya no vuelven. También yo tengo esa percepción. Mi pequeño, además, va al mismo centro al que yo fuí por primera vez hace 40 años; imaginarás la de recuerdos que se me vienen encima. (De Haro Tecglen leía sus columnas en El país todos los días, y me gustaba, excepto cuando le desbarraba la vena anticomunista). El cambio de ciclo vital de Marcelo…
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Por muchas veces que lo leas, no lo vas a entender

 Para salvar a los bancos, los jefes de Estado de los países más ricos fueron capaces de organizar varias cumbres en pocos meses y de movilizar más de 2,3 billones de euros. Pero, ¿qué se hizo para salvar a la mitad de la humanidad que vive en la pobreza? Prácticamente nada. Sin embargo, según las Naciones Unidas, con una suma cincuenta veces menor, se podría abastecer de agua potable, alimentación equilibrada, servicios de salud y educación elemental a cada habitante de nuestro planeta. Ignacio Ramonet, La catástrofe perfecta (Icaria Editorial, 2009).