Guillena y el año de la pera

Guillena y el año de la pera

(«Hola, superviviente del eclipse. Confirmo que mañana voy. A qué hora nos vemos y dónde?»).

«Tarea tengo de sobra, pero cada vez hay menos personal», me dice un contratista de obras de albañilería al que conozco desde mis años en la constructora. Intento recordar su nombre, pero no me sale.

Escucho El año de la pera camino de Guillena, tardo en llegar lo que dura el disco. Antonio Luque lleva décadas tiñendo los charcos con las gitanillas.

Quedo con Silvia en ver los trabajos de búsqueda de fosas de represaliados que comenzaron hace unos días. Desayunamos antes en El Rincón del Sardina, junto a la iglesia; aparco y ya ella me espera bajo el velador, la tostada y el café americano recién llegado a la mesa: así cualquiera, qué bien empezar tal cual la mañana.

En el cementerio, nada más entrar, se ven al fondo las dos banderas republicanas a ambos lados del memorial que tantas veces he visto en fotografías. Pasado el arco de la parte antigua nos encontramos con el arqueólogo Jesús Román, que nos muestra las cuatro catas abiertas y las dificultades de –como muchas veces sucede, en ocasiones por desconocimiento histórico, en otras por ocultación de la verdad– investigar debajo de los bloques de nichos.

Silvia se esforzó en agosto del año pasado para que el gobierno municipal presentase los mejores proyectos a Diputación. Ahora va todos los días a recibir las novedades: en sentido colectivo, lo siente (yo también) como parte suya, de la dignidad de su gente (que es la mía).

Llego a casa y repaso las redes sociales. Como era previsible, nuestro vídeo sobre el cambio climático está recibiendo un aluvión de comentarios cavernícolas, de esos que tanto le gustaba citar a Umberto Eco en las entrevistas (y solo vivió la punta del lápiz sin afilar). Un par de bofetadas:

Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que antes hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Entonces eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas”. (La Stampa, junio de 2015).

La televisión ha promovido al tonto del pueblo, con respecto al cual el espectador se siente superior. El drama de internet es que ha promocionado al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad”. (ABC, abril de 2015).

De repente recibo entre doscientas y trescientas visitas diarias en el blog. Miro el mapa y la mayoría son de los Estados Unidos. Muchas de China. ¿Acaso me consideran un no alineado? Se equivocan: comunista desde el año de la pera, y más allá.