Quién no ha recibido un "perdón, no era aquí" cuando alguien envía "por error" una de "esas imágenes", casi siempre con algún tipo de hiperventilación. A quién le ha sorprendido la autoría del "error".
Los ojos proletarios del Arenal se abren cuando chirrían las persianas metálicas del bar El Niño y pitan las puertas del primer tren de cercanías en la estación.
Uno puede colarse por una grieta, pero no puede derribar un muro. Ni siquiera un lunes de aterrizaje suave, siempre inconcluso, como aquella canción americana de cuando U2 dejó de meterse en jardines.