18 de julio en Dos Hermanas: 90 años después

18 de julio en Dos Hermanas: 90 años después

«Suelos que son cementerios clandestinos, porque es estremecedor saber que la tierra que pisamos, en muchos lugares del planeta y de España, implica literalmente caminar sobre cementerios». Esta frase es de la doctora en filosofía Silvana Rabinovich. De las 150.000 personas víctimas de desaparición forzada, a las que Naciones Unidas nos pidió darles luz en nuestro país, 50.000 son andaluzas y andaluces que aún se encuentran en fosas de cementerios, caminos, campos de labranza…

Sevilla. Entre once y doce mil personas asesinadas por el franquismo en una provincia donde no hubo guerra, solo represión, detenciones masivas, fusilamientos sistemáticos, víctimas arrojadas a unas 150 fosas comunes. Vivimos en una de las provincias que sufrió mayor represión fascista, con miles de consejos de guerra que desembocaron en crímenes y decenas de campos de concentración… también aquí, en Dos Hermanas, donde todo el mundo conoce el horror de Auschwitz y Mauthausen pero muy pocos saben del Cabo Carvoeiro o trabajo esclavo en Los Merinales; donde han tenido que transcurrir casi 90 años para poder recuperar de las entrañas de la historia más siniestra de este pueblo a los mártires de la libertad a los que José Sánchez lleva décadas aludiendo en sus homenajes.

Hoy conmemoramos el día en que un criminal golpe de estado acabó con la República que nació el 14 de abril de 1931. Y lo hacemos a una semana escasa de que el partido de los herederos ideológicos del fascismo se sentaron por primera vez en un consejo de gobierno de una autonomía andaluza que quieren desahuciar, dando carpetazo urgente a la ley de memoria y volviendo a echar tierra sobre la historia de nuestra democracia. Las mal llamadas leyes de concordia no son otra cosa que el negacionismo de quienes preconizan la destitución del pasado en general por quienes, en realidad, lo que buscan es la destitución de su pasado en particular.

Nos rebelamos ante eso porque sin memoria no hay democracia. En la Grecia del siglo V antes de Cristo se impuso el olvido por decreto. Aquí, tras la muerte del dictador, la transición posfranquista intentó combatir la recuperación de la memoria política reduciéndola al ámbito familiar, a una cuestión sentimental, inofensiva. Es lo que ha venido haciendo el gobierno de Moreno Bonilla durante los últimos años. Pero la memoria no pertenece al terreno de lo íntimo: es un asunto político, colectivo, profundamente de clase.

Porque no olvidamos a los represaliados y represaliadas. El filósofo británico, católico y marxista Terry Eagleton escribió “Lo que incita a hombres y mujeres a la rebelión no es el sueño de la liberación de sus nietos, sino el recuerdo de sus antepasados oprimidos”; por ellas y ellos reclamamos Verdad, Justicia y Reparación. Pero teniendo muy claro, también, que recuperar la memoria no ha sido, ni es, nostalgia, sino luchar por el futuro que nos arrebataron y por un presente en el que los privilegios heredados de la dictadura no sigan marcando el destino de nuestro pueblo. Por eso hablamos de Garantía de No Repetición; porque la memoria no es solo defensa del pasado: es organización para el futuro, una tarea política, una herramienta de emancipación.

Reivindicamos el derecho a la memoria histórica y democrática más allá de actos simbólicos y homenajes. Mientras haya monumentos a criminales, calles con nombres de verdugos y patrimonio expoliado durante la dictadura en manos de apellidos como Queipo de Llano y otros criminales, la democracia seguirá teniendo asignaturas pendientes de aprobar. Mientras haya personas represaliadas arrojadas en fosas que no vean la luz, la democracia no habrá cumplido su deber de memoria.

Y también afirmamos que la República destruida por el fascismo no fue solo un régimen político, fue el intento más avanzado de construir un país justo, libre y soberano. Entender cómo la II República trató de conquistar derechos sociales, cómo la dictadura los destruyó y cómo la resistencia antifascista los defendió, nos ayuda a reconocer que las batallas actuales —por la vivienda digna, el trabajo con derechos, la igualdad real o los servicios públicos— son la misma pelea por la dignidad humana. Cada victoria popular continúa esa historia interrumpida por la barbarie.

Defendemos, por eso, la memoria del republicanismo. La deconstrucción a base de falsedades y negacionismo que la derecha cultural y política ha levantado para oscurecer y denigrar el significado profundamente modernizador y transformador de la Segunda República es un componente esencial compartido tanto por la lucha memorialista como por el movimiento republicano.

Por eso, sin Memoria no hay Democracia y, también, una Democracia plena solo puede ser republicana, así que No Pasarán y Vamos a por la Tercera.