Ya reposan los restos de José León Trejo bajo la lápida que le colocó uno de sus hijos hace décadas, en pleno franquismo, con su nombre inscrito.
El gobierno municipal ha pretendido una ceremonia liviana, sin invitaciones, solo la familia y el mínimo protocolo del concejal Juan Bueno. Sabían que no sucedería así, acaso la alevosa diurnidad y la prisa por resolver la ceremonia rebajaría la asistencia y la solemnidad, los micrófonos y las banderas tricolor detrás de los discursos y los trajes. Algo han logrado, contando con la tozudez de quienes nunca han olvidado.
Porque sí, a las 8,30 de la mañana estábamos en la puerta del cementerio de Sevilla para acompañar a los familiares que han recibido e inhumado los restos de José León Trejo, concejal del Frente Popular en el Ayuntamiento de Sevilla asesinado en octubre de 1936, primera víctima identificada por el ADN de la exhumación de Pico Reja. Y en su memoria hemos formado un cortejo con flores y banderas republicanas, como se merecen quienes defendieron con su vida la libertad y la democracia.
Particularmente mi agradecimiento a Antonio Maíllo por dejar constancia, una vez más, de su compromiso con la memoria democrática. Tenía poco tiempo (a las 9,30 debía estar reunido en el Parlamento), pero sabía por qué venía, a qué venía, y lo importante que es su presencia para nosotros, las gentes memorialista de IU.
