Oí silbar a alguien

Hay poca gente en el parque, se puede patinar y elegir sol/sombra para sentarte en la terraza del bar; el aparcamiento del Arenal está vacío de domingo cotidiano y la confitería San Rafael tiene echado el cerrojo.

La instantánea del viernes santo en esta chincheta del mundo huye del bullicio que se le podría presuponer. Abundando: ninguna llamada en el móvil, cuscús para merendar.

Página 324: “Nadie puede aislarse por completo, y a quien no le guste no tendrá más remedio que huir a un mundo vacío”. Página 341: “No soy un sueño. Soy una existencia cercana a la vigilia”. Página 343: “Lo importante no es crear algo desde la nada, sino, más bien, encontrar algo distinto entre lo que ya existe”.

Google me avisa del nuevo disco de Jay-Jay Johanson. Lo llevo puesto mientras me aseo, recojo la cocina, incluso escribiendo esto. Suena sombrío, a pesar de la risueña ‘Heard Somebody Whistle”. Sombrío de aislamiento, de vigilia, de diferencia. El discreto encanto de la monotonía. Enjoy.

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