La capacidad de movilización que gastan los municipios de la Sierra Sur de Sevilla nunca deja de sorprenderme. Este jueves por la mañana han ocupado todo el frontal de los jardines del Parlamento andaluz, que es bien generoso en metros y espacio, para decirle a Moreno Bonilla que no van a cansarse nunca de exigir sanidad pública digna, que ni a la hora de las faenas de casa, ni a la de las faenas en el campo van a dejar de coger un autobús y plantarse por cientos y cientos para hacerse escuchar donde haga falta, porque no van a permitir que nadie les arrebate el derecho a la salud en sus pueblos.

Allí pancartas de todos los pueblos, las voces de Marea Blanca, la generosidad y el activismo, además de alcaldes y alcaldesas, nuestra Lucía de Pedrera, nuestro Sergio de Marinaleda, nuestro José Ramón de Casariche, y también Engracia Rivera y Francisco Sierra, una lucha de la que somos parte desde que salíamos a las calles cuando Susana Díaz (sí, también entonces, que su gente reconoce ahora que fue ella la primera en poner la alfombra roja a lo de ahora…).

Uno/a de cada cuatro estudiantes no acabará el bachiller y uno/a de cada cuatro diputados/as tiene acciones en empresas. Podría ser una ecuación/sinécdoque. Cada mañana nos subimos a la rueda del hámster y recibimos fogonazos de realidad aumentada en pantallas, papeles y altavoces. También a la inversa: en la radio, un representante del Banco Mundial se atreve a hablar de las desigualdades, de cómo nos estamos cargando el Amazonas y de la ayuda a los países más pobres. Produce sonrojo escucharle tan pancho, como si la institución a la que pertenece no fuese corresponsable de las peores atrocidades sociales y mediambientales de las últimas décadas del Antropoceno. La hipérbole inversa, como aquella canción que decía «Alguien gritó a los pobres más pobres del mundo que se unieran / Y los pobres más pobres del mundo se unieron para tocar el bombo».

El collage que encabeza este post está realizado con fotos de Alfonso Romera, publicadas en su blog Marea Ciudadana.