Una vez hice una canción con Pedro Carrillo en la que unos astronautas veían como los últimos supervivientes de la humanidad acababan sumergidos –y bailando– en el fondo del océano. Vanuatu es un archipiélago del Pacífico que tiene el dudoso honor de ser el primer país del mundo que puede desaparecer antes de que acabe el siglo. Sus más de 300 mil habitantes se encuentran en el corredor de la muerte, condenados a hundirse bajo el agua por sentencia de la (in)justicia climática. Lo leo en el mondiplo de septiembre (llevo retraso en las lecturas), donde las enseñanzas también me llevan a conocer al artista Ángel Mateo Charris, retratista de la metáfora como tragedia y viceversa…
Me atreví con Kurosawa y superé la prueba. Por si acaso, aprovecho el absoluto silencio de la ciudad para volver a El sabor del té verde con arroz y aprovecho para buscar bandas sonoras de las películas de Ozu, más ligeras y conservadoras, capaz de convertir la austeridad en pura belleza, en cada una de las escenas, con cada juego de luz y sombra.

