25.09.2022

Somos herejes

Dicen que El hereje es una eleg√≠a sobre la tolerancia. Mirar el siglo XVI con ojos del siglo XX te obliga a imaginarte en el pellejo de aquel Cipriano que se jug√≥ la vida por defender sus ideas, que vivi√≥ las contradicciones del amor entre la pasi√≥n y las convenciones de la √©poca, que conoci√≥ la pobreza en primer grado y desde su posici√≥n de hidalgo burgu√©s. Te obliga a comparar aquella Inquisici√≥n que, bajo ciertos puntos de vista, sigue aleteando sus santos oficios hacia el presente simple. Incluso, en pleno tiempo de las redes sociales, te obliga a actualizar la idea de Lutero como ¬ęhijo de la imprenta (…), primer hereje que dispon√≠a de un medio de comunicaci√≥n tan eficaz, tan poderoso, tan r√°pido¬Ľ.

Te obliga, en definitiva, a echarle una pensada a un pasado tan de actualidad en un pa√≠s donde la ‚Äúla adicci√≥n a la lectura ha llegado a ser tan sospechosa que el analfabetismo se hace deseable y honroso‚ÄĚ.

Ha habido momentos en que he salido de la novela, pero ha sido pocos: en la mayor√≠a de los casos, como sucede cuando no puedes abandonar, vas pasando las p√°ginas con la sensaci√≥n de que ellas tambi√©n te leen a ti, no tanto porque entras a formar parte de la historia sino, m√°s bien, porque asumes que sus hilos son los mismos con los que vas tejiendo tu vida cotidiana. En este sentido, llegas a ser Cipriano Salcedo como en su d√≠a llegaste a ser Oracio Oliveira o¬†Florentino Ariza. Creo, el tiempo lo dir√°, no haberlo sido tanto aqu√©l, pero tiene g√©nero humano suficiente para llevarme en ese traje, hecho a retales, que es la existencia. A fin de cuentas, qu√© somos t√ļ y yo, sino herejes del siglo XXI.

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