Primera sesión.

Mañana con los sentidos en orquesta parabólica: veo on line las votaciones en el Congreso (donde, como escribe Gerardo Tecé, «el parlamentarismo ha asesinado al relato mediático»), apuro y separo a ratos el estudio de mis cosas estivales (reciclaje, vaya), escucho música gratificante (tanto que pienso, aun consciente del desborde intelectual: «¿Cómo he podido vivir sin este disco desde 1981?») y, en modo residual, hasta escribo. En la pantalla aparece, de vez en cuando, nuestra mujer de rojo (Engracia Rivera) sentada al lado de la (nuestra flamante) vicepresidenta tercera, Esther Gil.
La mujer de Tchaikovsky, Jane Birkin y Tina Modotti.

Hoy se han reunido por primera vez, en la sala Prim (no por casualidad) del Congreso de los Diputados, los compañeros y compañeras de nuestro nuevo grupo parlamentario, conformado tras las elecciones del 23J, que se denominará «Grupo Plurinacional Sumar». La web de la cámara baja ha emitido en directo la intervención de Yolanda Díaz en este encuentro que, de vez en cuando, cambiaba de plano y me permitía ver a mis flamantes Engracia Rivera, Francisco Sierra, Toni Valero… (Lo que no he encontrado, al menos por ahora, es la grabación, que me gustaría tener porque se han apuntado líneas y métodos de trabajo muy interesantes para la legislatura que comienza).
Escuela de calor.

No te vas de vacaciones porque practicas staycation y, seguramente, consideras el verano como una prolongación supercool del nesting. Tú, y esos amigos tuyos con los que, sujétame el cubata, una noche loca de freeganismo decidísteis apuntaros al coliving y abrazar la sharing economy. Pero a mí no me engañas: lo tuyo es postureo, pura pose trendy; demasiado viejo para ir de treinteenager por la vida. Deberían quitarte la paguita.
«Somos un atleta: para coger impulso hay que dar un paso atrás».

Diálogo antifa en Made in U.S.A., la película que Godard estrenó el año que nací y vi, según mi diario, hace justo 365 días: Él «No deberías tener miedo. El fascismo no pasará». Ella (Anna Karina) «Precisamente el fascismo tiene que pasar y pasará, como los barcos de vela, las minifaldas y el rock and roll. Tenemos años de lucha por delante. A menudo en nuestro interior». (Mientras veía la película, una taza de té con un mensaje en la etiqueta de papel que decía: «Lo único constante es el cambio»).
En Fuentes de Andalucía, con Francisco Sierra y Juan Morillo.

Empecé a recorrer el camino de la Memoria hará unos 15 años, gracias al cronista de mi pueblo, José Sánchez Gutiérrez. Hoy me sigo considerando un aprendiz, y lo poco que sé tiene muchos nombres y lugares acreedores; pero si de estos últimos tuviera que elegir uno solo, probablemente me decidiría por un pequeño parque, antes cementerio, donde cada árbol es un homenaje a una persona luchadora por la libertad, y cuyo epicentro es un pozo invertido y abierto, al que te puedes asomar mirando hacia arriba, todo un símbolo de la vuelta a la luz.
La esperanza venció al miedo.

Anoche, tras el cierre de los colegios electorales, me fui al cuartel general de Sumar en Sevilla. Ya conoces cuál fue el camino: incertidumbre hasta la photo finish, bocadillos militantes delante de la pantalla, victoria a los puntos de la democracia, Tezanos cenando Horquillas a la Michavila, the woman in red inclinando el balcón de la calle Génova y las tertulias actualizando el libro del presidente. Y Yolanda combatiendo su afonía con la sonrisa más emocionada y verdadera.
Jornada de reflexión.

«Del turismo se vive muy bien pero la Axarquía es para comer», dice un señor en la radio, quejándose de que los campos de golf han dejado sin agua los cultivos de la comarca. Los colectivos ambientalistas también critican el uso excesivo de agua en las plantaciones de aguacates y mangos. Los trastos a la cabeza y el pantano de La Viñuela al 8,9 por ciento. Si no aplicamos el cambio climático a todo lo que nos mueve en el día a día, lo llevamos claro.
