«Hay vida más allá

del Corpus», reza el post de Record Sevilla bajo la foto del elepé Life After Death de Iron Maiden. Ayer lunes, actos provinciales de campaña de Sumar con escala en Arahal, La Campana y Alcalá del Río; también en Sevilla ciudad. Contemplo la adolescencia que sale del instituto de mi hijo: ninguno habla de PEvAU, pero todos los chicos llevan peinados con la frente cubierta. Echo un vistazo fugaz a la red social X y la cierro acordándome de la frase: “Cuando uno pierde de vista al enemigo comienza a pelearse con el compañero”, que dijo el Comandante Fidel Castro. Hoy es el 39º aniversario de la publicación de Born In The USA y en la radio lo celebran con Bobby Jean: «Nos gustó la misma música, nos gustó la misma banda, nos gustó la misma ropa».

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La abuela de la mesa de al lado

habla de su nieta, que se llama Alma de Luna; por lo que sea, ella la llama ‘Alma de Cántaro’. La cafetería tiene alma de festivo rancio en Sevilla (Este). Creo que fue Alfonso Guerra quien puso Alma a su hija, en homenaje a la esposa de Mahler. En la radio suena una canción del nuevo disco de Manu Chao, precursor de un mestizaje tristemente emulado por la industria de la fast food music.

Pertenezco a ese ramalazo generacional

que, como Antonio Luque, observamos con cariño las viejas fotos de la primera comunión, pero decidimos que nuestros hijos crecerían moritos. Las mías (mis fotos), una en color de Estudio Alba y otra cutre en blanco y negro rotísimos, con tres amigos del alma, en medio del albero donde se cortaban las avenidas Reyes Católicos y Los Pirralos, entonces Cardenal Cisneros. Gracias a los abuelos comunistas, el asfaltado, las aceras y el agua potable llegaron años más tarde a esos barrios humildes de Dos Hermanas. Hoy sería un troleo peatonal marcarse un selfie en ese mismo cruce.

Etiqueto esta semana

con la canción Tes desirs font desordre, de Cali y Dominique A, una suerte de Insurrección dulce, banda sonora de un primer lunes de abril con María Cortijo ilustrando Estampa Popular Sur a nuestra cuadrilla comunista, resolviendo el enigma del retrato a lápiz que su padre nos dedicó hace décadas.

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I’ve changed my routine now I’m clean.

El dos de abril de mil ochocientos,

Beethoven estrenó en Viena su Primera Sinfonía, iniciando una revolución de la música clásica que acabaría, cien años después, con la disolución de la tonalidad.

Resurrección rima con

Robert Wyatt: me paso la mañana redescubriéndolo por culpa de un artículo publicado en Nuestra Bandera (El intangible hilo rojo en la historia de la música pop; conquistas y rupturas), del que cabría una playlist (rebujo, que lo etiquetaba mi amigo Miguel Ángel Pernía cuando las casetes Basf, TDK, etc.) con RW, Los Prisioneros, la recopilación The Red Songbook del partido IWW, The Clash, Billy Bragg, The Housemartins y los indies June Brides, McCarthy (origen de Stereolab) o Gang Of Four.

Basta un cretino

para ponerte los pelos de punta. Lo cantan The New Raemon & McEnroe en Montañas. El algoritmo conduce la música más apropiada contra el acuaplaning. El agua de la mañana no cesa y aplasta cualquier esbozo enmarañado; llueve hasta dentro del aparcamiento subterráneo. La asamblea memorialista de Gavidia se muda por unas horas a la antigua cárcel de La Ranilla, es gente inasequible al desaliento, cubren las rejas con pancartas y banderas tricolor, colocan su simbólica Pico Reja sobre el acerado y hacen sonar Para la Libertad.

Gavidia en La Ranilla

Salí a buscar el rayo verde

en el horizonte troquelado de Madrid tras una jornada compartiendo reencuentros, historias comunes y nuevos caminos por recorrer. Resultó que cuatro o cinco señoras mayores pasaron por la puerta de La Nave; una preguntó qué sería aquello, otra respondió que una cosa de política y una tercera que todos los políticos son unos chorizos (confirmación del coro al unísono). En el viaje de vuelta, chocolatinas, snacks y galletitas de máquina para cenar, más cabezadas que miradas a los móviles o los libros, cansancio del sábado noche y repaso a las noticias de la prensa digital: en Diario de Sevilla, las veintitrés primeras entradas dedicadas a la semana santa (es verdad que la lluvia) y las ocho siguientes al expresidente del Betis (es cierto que el morbo). On the road terminé Socialismo de medio planeta y es tras ese the end cuando las dos citas del comienzo se clavaron en el centro de la diana, especialmente la segunda.

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Un fenómeno celeste no es tan espectacular.