Aviario: La cacofonía de la mente en un mundo derretido
Dice la Wikipedia que «Al contrario de las jaulas de pájaros, los aviarios permiten a las aves un mayor espacio para volar. Estos a menudo contienen plantas y arbustos que logran la simulación de un hábitat natural». Esa sensación de sentirse prisioneros en un decorado de aparente libertad debió vivir Julia Holter después de la victoria de Trump en las elecciones presidenciales de 2016. Según cuenta en una web musical -no encuentro el enlace- su respuesta fue refugiarse en la música: «Realmente sentí que necesitaba sumergirme en sonidos catárticos. Eso fue realmente lo que hice». Lo que surgió de esa introspección es Aviary, por ahora lo que más me ha gustado en lo que va de año, musicalmente hablando.

Este 2018 se han publicado dos álbumes de Dominique A: Toute latitude, disco de invierno, y ahora La fragilité, disco de otoño. Ambos reflejan la música del cantante durante casi treinta años: «una oscilación entre la intimidad y los grandes escapes sonoros, la soledad y las aventuras colectivas, la simplicidad y la investigación orquestal».
El cementerio de Montparnasse es el lugar perfecto
«Tuve suerte, mucha suerte, de tener otra oportunidad. Aquel día me propuse empezar una nueva vida. Yo quisiera encontrar la manera de hacerlo, lo sigo intentando, entre dunas de un desierto cien pasos parecen trescientos».
Mi hijo nació tres semanas después de esta fotografía. El larguirucho rubio que está a mi lado es Jay Jay Johanson, un crooner sueco que hace canciones maravillosas. El 28 de julio, al llegar a casa, mi pequeño escuchó a Vivaldi, a Bach y a otros clásicos, pero en la barriga de su madre, durante aquella noche del Nocturama, debió interiorizar por primera vez la importancia de la música, aquellas canciones cálidas, llenas de amor colectivo.

