Jornada de reflexión.

«Del turismo se vive muy bien pero la Axarquía es para comer», dice un señor en la radio, quejándose de que los campos de golf han dejado sin agua los cultivos de la comarca. Los colectivos ambientalistas también critican el uso excesivo de agua en las plantaciones de aguacates y mangos. Los trastos a la cabeza y el pantano de La Viñuela al 8,9 por ciento. Si no aplicamos el cambio climático a todo lo que nos mueve en el día a día, lo llevamos claro.

Un post de retales.

Con la campaña electoral no me ha dado tiempo a casi nada: apenas hacer retuits, publicar historias en Instagram y replicarlas en Facebook, cuatro fotos y media y muchas, muchas horas y kilómetros de coche. Tampoco he podido actualizar este blog. Aquí dejo algunas notas, las últimas, recuperadas de las últimas páginas del último cuaderno que se me ha teminado. No valen nada: solo son testigos de lo vivido.

Las enseñanzas de una esquina rota.

Los salarios recuperan poder adquisitivo y la inflación baja, aunque los beneficios empresariales inflan vergonzosamente el coste de la cesta de la compra. Certezas sobre las cosas del comer ajenas a los TT de las redes sociales de hoy: «Berlusconi», «Mbappe», «Capitán América», #LevanteAlavés… hasta «Aznar» o «Con ETA». Como escribió Daron Acemoglu en El fin de las redes sociales, mientras Orwell temía que se nos ocultara la verdad, Huxley temía que la verdad terminara sumergida en un mar de irrelevancia.

La revolución de la esperanza.

Fallece el príncipe de las mamachicho, del populismo chabacano, machista y hortera, el antecedente europeo del trumpismo, de la mafia como modelo legal de gestión y, también, del principio del fin del neoliberalismo capitalista. Su poderío mediático y su descaro económico sirvió de doctrina programática para quienes han convertido lo neocon en folletín, fake news y telebasura ideológica. Tal vez exagero: hubo un tiempo en que él también habría podido disparar a gente en la Via Condotti sin perder votos.

Nunca dejar de descubrir.

«Si la especie humana quiere ir hacia el apocalipsis, estupendo. Yo no lo puedo evitar. Lo que voy a hacer es tratar de preservar las pistas que de verdad me alimentan como ser humano e intentar convencer a aquellos con los que pueda hablar de la conveniencia de hacerlo así». (Aplíquese a la vida esto de Santiago Auserón sobre la distribución digital de la música).

Dolor de muelas del corazón.

Por fin acuerdo en Sumar. Ahora toca menos Zarzamora y más Tour para las Masas, remedar al grupo favorito de IDA que tocó anoche en el Primavera Sound, donde las divinas Julia Holter y Caroline Polachek me concilian con la música moderna de los USA. Los macrofestivales (y a veces los registros de coaliciones) devienen inhumanos y ecocidas, aparte la sensación de ir corriendo como pollos sin cabezas por túneles, pasillos y escaleras de Atocha para llegar tarde a ninguna parte.

Todo es posible en domingo.

Anoche me acosté fascinado tras escuchar partes de la décima sinfonía de Beethoven (sic) en una versión reconstruida por el musicólogo Barry Cooper a partir de bocetos y notas que dejó el compositor. No es 100% Beethoven y solo es un movimiento, pero emociona (no conozco la completada, más recientemente, con inteligencia artificial) y me sirve para borrar los nubarrones que dejan la cronología de Twitter o los últimos trolls de Facebook. Cuestión de equilibrios para no desgastar la mucha o poca riqueza mental que te queda.