Marco en mi agenda de hitos vitales

el 10 de febrero de 2024 a las 20,00 h. como el primer día que asisto a un concierto de clásica con mi hijo. Él tiene 14 años, yo 57 y la partitura de la obra que escuchamos cumplirá 300 en apenas unos meses. Solo puede existir aquello que está obligado a repetirse. Las Cuatro Estaciones, toda una colección de hits, auténtico pop ma non troppo. Y mi hijo, como su padre: «El que más me ha gustado, el Invierno

Las consecuencias del amor

Entre la niebla, rodar por tramos de la SE-6103

es lo más parecido a recorrer el lomo de la boa que se tragó al elefante en El Principito. Desayuno con Joaquín -anfitrión concejal de La Campana- y mis siempre gentiles Alba y Miguel Ángel, que dieron un salto desde Lora del Río para acompañarnos en la visita al colegio Bernardo Barco. Río abajo (o arriba, según) echo la tarde con la alcaldesa de Alcalá (del Río), que me ha mostrado todo un catálogo del desastre en algunas viviendas que tiene la Junta de Andalucía en el municipio. La bendita lluvia deja las carnes abiertas a esas familias octogenarias que…

Todo no está en Bourdieu, sino en Radio Futura.

El núcleo irradiador conservador de los jueces exigen que la política no utilice a la justicia. Estoy de acuerdo: aplíquenselo en modo viceversa. No sé cómo describirlo sin que suene cursi: ayer el amanecer nos regaló unos preciosos tonos rojizos en las barrigas de las nubes. Por desgracia, otras nubes en el hemisferio sur son la viva imagen de la tragedia. Valparaíso quiebra con lágrimas de tristeza la suave canción de Lorenzini/Erlend Øye.

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Mil voces por la Paz.

Las setas de la Encarnación son agradecidas para hacer fotos. Conservo decenas de ellas, las escaleras llenas de personas, pancartas, banderas. Cuando el cielo es tan azul, hermosea los contrastes entre la naturaleza y la arquitectura, no necesitas filtros artificiales, cualquiera puede sentirse orgulloso de los resultados de un clic. Y de iniciar allí la revolución de los derechos humanos.

Mil Voces por la Paz

Space Oddity.

Viernes noche en un coloquio sobre Gramsci. Caminando hacia el CICUS me sorprendieron las calles iluminadas, el escaparate de bañistas en San Bernardo, personas bailando «A quién le importa» en la puerta de un bar de copas, mujeres asiáticas barriendo las aceras de los restaurantes para turistas. Pero, sobre todo, me sorprendió llegar a un salón abarrotado de jóvenes y no-tan para escuchar a Daniela, Sarrión y Sierra compartiendo maestrías sobre hegemonía cultural, comparaciones odiosas con Laclau y rompeolas de significantes vacíos.

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Loneliness.

La cultura es la memoria de los pueblos. Recuerdo la pandemia de las aulas vacías y los patos atravesando la plaza del Arenal desierta, pero también por los libros que leí. Ana Karenina fue mi rutina de soledad en aquellas semanas de encierro en la vpo, el toque de queda y las ventanas de zoom. La soledad siempre acompañada, desde Moustaki hasta las nuevas soledades de Pet Shop Boys.

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