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Hoy me he vestido de domingo, la ropa de siempre bien planchada para celebrarme. Ha debido intuirlo el perro de la calle San Alberto, no ha ladrado a mi paso por delante de su puerta. Que me respete la salud: dinero no tengo y amor siento a raudales, aunque lo esconda mi timidez. El dolor de no recibir felicitaciones de Carlos por primera vez, la complicidad de volver a recibir el ‘Ánimo valiente’, los mensajes de personas en las redes sociales, esa sensación de que alguien se acuerda de ti en algún momento del día y te dedica unas palabras en un mundo donde los gestos amables son un privilegio. Que la felicidad es la felicidad de la gente a la que quieres. Que todo lo vivido sea útil para lo que me queda por vivir, que me haga mejor. Gracias.

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