Me sigue Antonio Luque

De Sr. Chinarro no sólo me gustan sus canciones: también me gusta lo que escribe Antonio Luque en su blog, suelo leer/ver sus entrevistas en medios digitales y escritos y, de vez en cuando, reviso si hay alguna grabación suya en youtube. En sus conciertos intento escuchar atentamente lo que dice entre canción y canción. La última vez fue en la sala Obbio, hace poco, y fue una pesadez: la gente que tenía a mi alrededor no paraba de charlar y no me enteraba de nada.

Tenemos en común, creo, un cierto desencaje en nuestros ámbitos, él en la música y servidor en la política. Un problema de adaptación al entorno. Una dificultad asumida: él no será mainstream y yo no seré diputado. Y también, que si Baudelaire nació el día de su madre, él vino al mundo el mismo día que mi señora esposa (ahí te devuelvo la pelota de ‘El gato de Shrödinger’, Antonio). Y el casiotone de sus abuelos comunistas.

De hecho, que esté escribiendo aquí sobre Antonio Luque, en vez de sobre el culebrón del pacto de gobierno, no es políticamente correcto. Exagera mi amigo Pepe Cesto cuando dice que con mi dedicación a la política se ha perdido un escritor. O puedo justificarlo con que empiezo las vacaciones.

Creo que una vez le preguntaron en Rockdelux por lugares comunes con La Dama Se Esconde y dijo que no los conocía(*). Yo enlacé ‘Cero en gimnasia’ con ‘Un error de apreciación’, tal vez porque hay espacios de encuentro que nada más se encuentran quienes los enganchan por cuestiones muy personales; en este caso, letras naif vinculadas a vivencias infantiles, cierto aire melancólico en las melodías, el uso de las cuerdas… y los momentos en que escuché una y otra, con varios lustros de distancia. Lo que él cuenta en su último post sobre ‘La Ley’ de Radio Futura, pero recorriendo la línea del tiempo.

Hace unos días, Twitter me envió un “Antonio Luque te sigue”. Yo ya le seguía en esta red social, pero sobre todo desde que vivía en Sevilla, su cosa sentimental de padre divorciado, su paso por Málaga y Madrid, comiendo langostinos en ‘Merche*‘ a cuatro pasos de donde escribo esto o cantando a dúo ‘El progreso’, que es mi ‘Por amor al comercio’ del siglo XXI. El otro día estuve en un convite de una comunión y entre la playlist de canciones nonaynonay sonó un tema de La Bien Querida y me acordé de la niña Duvet de ‘Gramática parda’: así entró Sr. Chinarro en mi curiosidad por buscar nuevas músicas fuera de los circuitos comerciales. No es fácil de explicar si no has sentido nunca esa pulsión. Ignoro si ese “te sigue” durará mucho o será cuestión de que un día le dé risa mi discurso comunista (dicen que él es un triste como yo, pero no he visto más sentido del humor en su descaro, que tiene toda la pinta de timidez, incluso cuando sonríe, como me pasa a mí). Que es alguien con quien tomar cervezas y hablar de todo menos de política, aunque últimamente le gusta meterse más en esos charcos, vaya.

No sé si Antonio Luque conoce a los Ibáñez sevillanos, Antonio y Rafa, que compartieron conmigo responsablidades en el gobierno andaluz. Los Ibáñez, junto a mi paisano Fran Gª Parejo y el concejal de Los Palacios, Carvajal, somos parte de ese club de fans de IU Sevilla no oficial de Sr. Chinarro. La cosa se destapó un día en un cónclave de la Consejería de Fomento y Vivienda, cuando dije ‘la piña conseguida’ -no recuerdo por qué- y los Ibáñez dieron un respingo. Desde entonces es más fácil que nos veamos en un concierto a que coincidamos en una reunión política.

En mi Spotify tengo una playlist titulada Más Babieca. Contiene las canciones más smithianas de Sr. Chinarro y alguna de sus primeros años, como ‘Quiromántico’. Cualquiera que escuche esas canciones con detenimiento verá que algunas expresiones están en ese copia-pega que es mi manera de escribir en el blog. Mi prosa, como la de cualquiera que le guste escribir, está plagada de frases inspiradas en mis lecturas y, en este caso, cientos de letras de canciones, de Radio Futura (“Lluvia del porvenir”) o de Astrud (“hay demasiada cafeína en mi torrente sanguíneo”). Cuando digo “más Babieca que yo aquí no hay” la gente no lo entiende, piensa que me estoy atontando, pero no es así. Cortázar sabe mucho de eso, de expresiones que guardan secretos y significados distintos a los aparentes.

Cuento todo esto porque, en el fondo, lo que quiero contar es lo importante que es la música para mi existencia como ser humano. En mi cuarto de adolescente, en el barrio obrero Elcano de Dos Hermanas, tenía en la pared tres imágenes clavadas con chinchetas: una de Beethoven, otra de Don Quijote y una tercera de Morrissey leyendo un libro de Oscar Wilde (un dibujo que apareció en Rockdelux). Desde esos años, hasta hoy, la música y la literatura ha ido moldeando mi personalidad como pocas cosas en el mundo. Incluso soy comunista, al menos en parte, por culpa de Saramago más que por haber leído el Manifiesto. En esa maraña, Antonio Luque también ha metido baza, durante los últimos veinte años. Hasta de vez en cuando me atraviesa por la cabeza “L de Lorenzo”, que no tiene nada que ver con nada de lo que me alumbra en lo cotidiano. Por eso, aunque me deje de seguir en Twitter -es una broma, vaya-, yo no podré evitar seguir siguiéndolo de alguna manera. Ni aunque se volviera mainstream, ni aunque me hicieran ministro (jajaja).

(*) En Twitter me ha respondido esto:

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