Las canciones del final de la noche
Imagina un club algo casposo a las tantas de la madrugada, un escenario cromado con una bola de cristales cansada de girar en el techo. Las pocas mesas ocupadas están llenas de vasos y copas vacías, las escasas personas algo pasadas de rosca y aplomadas, un par de camareros recogen el local, mirando sus relojes, esperando algo que no llega.
Resurrección de domingo
Las personas ateas pensamos que el ser humano (el hombre, en la retórica bíblica) creó a dios, y no al revés. Lo digo sin frivolidad ni ironía, desde el profundo respeto a quienes profesan creencias religiosas, católicas o de cualquier otra confesión.
El efecto multiplicador
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Bigmoth Strikes Again (again)

Si te dieran a elegir, ¿cómo te gustaría envejecer, como Elton John o como Brian Ferry? La pregunta podría tener trampa, es verdad.
El piano gris
El padre de la danesa Agnes Obel tuvo que vender su colección de instrumentos musicales para que la familia pudiera comer. De entre ellos, había un piano gris que su hija, años más tarde, intentó encontrar sin éxito; en cambio, heredó uno de los bienes inmateriales más valiosos del ser humano: el amor por la música.
