Mañana es día de recogimiento y flores en los cementerios y hoy, última fecha de octubre, ha estado marcado el calendario para el recuerdo y homenaje a las víctimas del franquismo, una herida de este país nuestro que aún tiene deudas que saldar con quienes defendieron la democracia y pagaron por ello con sus vidas y el destino de las vidas de sus familias. Como cada año, desde hace unos cuantos, mi compañero Rafa Cobano, alcalde de Paradas, me envía fotos de la ofrenda florar que realizan cada año en la fosa común del cementerio de su pueblo, donde los golpistas del 36 asesinaron a 250 demócratas.
Durante esta semana, aparte la política municipal, he mantenido algunos encuentros con cooperativas culturales y grupos de teatro que están trabajando en obras de temática memorialista. Ayer viernes, Joaquín Recio, de Atrapasueños, me puso al día de sus proyectos sobre el pintor Ocaña y del documental titulado El hilo negro –basado en el libro La matanza de Atocha– que está en marcha y que el próximo lunes traerá a Sevilla a uno de sus impulsores, Carlos Bardem.
Hace un par de meses que Paqui López, Pepe Navarrete y yo echamos la mañana de los jueves en la oficina municipal de Por Andalucía que tenemos en el ayuntamiento. Anteayer así lo hicimos también, pero aprovechamos la cercanía con La Almona para visitar la exposición No, las mujeres no estamos en venta. Amelia. Historia de una lucha, que narra en formato cómic la vida real de una joven rumana desde que fue violada con 12 años, comprada y trasladada a nuestro país con 18 y víctima de explotación sexual en varios prostíbulos, hasta que logró vencer el temor y liberarse (según escribe Fran Ricardo en La Semana).

Al tercer día de la tragedia llega la triste noticia sobre el familiar de mi compañera Lola. La angustia, la esperanza consumida, la fatalidad que se escondía tras la cifra de desaparecidos, el cansancio y, finalmente, los peores presagios. Hicimos lo que pudimos para alertar en su búsqueda, más de dos millones de personas vieron nuestros mensajes en las redes sociales y miles de ellas los compartieron en sus perfiles particulares… pero el infortunio ya se había consumado y solo queda el dolor y el agradecimiento porque, al menos en esta ocasión, los espacios de Internet han servido para expandir solidaridad más que para difundir odio.

