Abro el libro. Tras la dedicatoria, la Primera Parte (1) empieza así: «Las voces narradoras, según se ha confirmado, atraviesan muros, leen los pensamientos, recuerdan al pie de la letra las conversaciones, describen escenarios, muebles, la ruta evanescente de la luz entre las hojas de los árboles. Poseen, además, el don de la recolección». Y caigo en la trampa.

(más…)