Las amistad visibles.
Por algún disloque mental piensas en manos frías cuando vas a buscar el regalo de tu amiga invisible, igual que pones a Henry Mancini para las tareas domésticas o tu duermevela se despacha con una canción de Silvio Rodríguez («iba matando canallas con su cañón de futuro»).
Volver a los 57.
Doy la bienvenida a mi nuevo año (ya van 57) y despido a nuestro compañero Juan G. Cotán, con quien compartí tantas movilizaciones laborales y tanto compromiso político. Edades otoñales (me encanta el otoño, más ahora que el cambio climático nos lo niega), más visitas al tanatorio que a las fiestas (a mejor ver, larga vida, MacGowan), sí, pero también más condensación de emociones, más amor por las cosas futiles, ingrávidas y gentiles. He llegado a los 57 como si hubiera vuelto adonde ya sabía qué iba a encontrar.
Sangro, lucho, pervivo.
Paciencia en los auriculares.
Es tiempo de feminismo radical, de combatir el silencio y la indiferencia, del cordón sanitario al negacionista, a la ambigua condescendencia en el lenguaje, a las bromas de hombre blanco. Celebramos cada 25N como símbolo de un fracaso del sistema.

