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Hoy me he vestido de domingo, la ropa de siempre bien planchada para celebrarme. Ha debido intuirlo el perro de la calle San Alberto, no ha ladrado a mi paso por delante de su puerta. Que me respete la salud: dinero no tengo y amor siento a raudales, aunque lo esconda mi timidez. El dolor de no recibir felicitaciones de Carlos por primera vez, la complicidad de volver a recibir el ‘Ánimo valiente’, los mensajes de personas en las redes sociales, esa sensación de que alguien se acuerda de ti en algún momento del día y te dedica unas palabras en un mundo donde los gestos amables son un privilegio. Que la felicidad es la felicidad de la gente a la que quieres. Que todo lo vivido sea útil para lo que me queda por vivir, que me haga mejor. Gracias.
25N: Ni una menos
Idea de Sontag
En Santiponce antes del cierre perimetral

En tiempos convulsos es cuando más se valoran los buenos momentos; por mucho que lo repitas, es algo que no debe estar de más recordarlo. Con nuestra gente de Santiponce, una de las asambleas más feminizadas de la provincia, siempre pasa: el cariño y la hospitalidad no solo se traduce en cómo te tratan, sino en cómo son a la hora de tratar cualquier cuestión que se les cruza por delante, en las conversaciones, incluso en el apasionamiento con el que cada cual defiende sus argumentos. Hasta en la actitud de Juan, nuestro portavoz, y en el sentido del humor. Hoy les dije que me divertían sus conversaciones de política doméstica, y era verdad, precisamente por la forma en que las comentaban.
