28.11.2020

En Santiponce antes del cierre perimetral

En tiempos convulsos es cuando más se valoran los buenos momentos; por mucho que lo repitas, es algo que no debe estar de más recordarlo. Con nuestra gente de Santiponce, una de las asambleas más feminizadas de la provincia, siempre pasa: el cariño y la hospitalidad no solo se traduce en cómo te tratan, sino en cómo son a la hora de tratar cualquier cuestión que se les cruza por delante, en las conversaciones, incluso en el apasionamiento con el que cada cual defiende sus argumentos. Hasta en la actitud de Juan, nuestro portavoz, y en el sentido del humor. Hoy les dije que me divertían sus conversaciones de política doméstica, y era verdad, precisamente por la forma en que las comentaban.

Por eso hoy me he llegado por Santiponce antes de la hora prevista, he aparcado junto a la sede (una casa de pueblo modesta, ejemplo de lo que es una organización de base de Izquierda Unida de toda la vida, de las que están pegada a los vecinos y vecinas, a sus necesidades y desvelos, y también a los buenos momentos) y he preferido caminar hasta el centro de salud, y luego acompañarnos con un café y vuelta paseando.

Por eso quería, también, que Toni Valero conociera a Teresa, Juan, María Jesús (nuestra coordinadora), Paqui, Juana, a nuestro querido Pepe López, y a más compañeras y compañeros que han estado hoy recogiendo firmas a las puertas del Consultorio; algunas más no han podido asistir, me hubiera gustado verlas.

Es esta vida cotidiana de las personas que militan en Izquierda Unida, la de sus simpatizantes y activistas sociales, la que huye de otros ruidos y rugidos, la que está fuera, desde siempre, de los focos donde lo tóxico contamina los esfuerzos que casi nadie reconoce, pero es la que hace pueblo y crea conciencia colectiva. La imprescindible. Gracias.

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