Día de las Personas Mayores: ni pasivas, ni resignadas

Hoy, volviendo de la manifestación, he visto que ha empezado a seguirme Javier Sádaba en Twitter, quien ha celebrado el Día Internacional de las Personas Mayores felicitando la lucha de los/as pensionistas y colgando su artículo “Pensando la vejez y la felicidad“, donde expone una maravillosa visión filosófica acerca de por qué “una sociedad extremadamente utilitarista no es la más adecuada para mirar cara a cara al anciano y tratarle no solo como a los demás sino incluso con el plus de atención que requiere quien conjunta en su vida el trabajo acumulado y la situación de indefensión”.

En este artículo, el catedrático de Ética habla de ternura y deuda como conceptos ligados a la necesaria protección de la personas mayores, lo que él denomina como “ética de la ancianidad”. Así, la ternura, que etimológicamente significa “lo que es suave y se opone a lo rígido”, es lo que practicamos con nuestros/as hijos/as, lo que pedimos al médico que atiende a su paciente o cuando hablamos de la ternura en el amor, “y no por ello nos reímos o pensamos que, quien así se comporta está cayendo en el ridículo”.

En cuanto a la deuda, recuerda Sádaba al sociólogo Compte cuando escribía que la historia es la historia de los muertos. “Quería decir que cabalgamos a hombros de lo que nos han entregado las generaciones anteriores. En ellas nos apoyamos y ellas, en nosotros, se perpetúan. Con el anciano sucede algo similar. Sobre sus hombros actuamos. De ahí que merezca nuestro reconocimiento. No sólo el reconocimiento que hay que otorgar a cualquier persona, sino un reconocimiento basado en los años acumulados. La acumulación del tiempo en sus vidas es la que posibilita las nuestras. Por eso, el concepto de deuda está en su lugar”.

Lo leo y me acuerdo de esa imagen que ha corrido por las redes sociales, en las que el mensaje dice algo así como “En 1968 se manifestaron los estudiantes. En 2018 los jubilados, es decir, ¡los mismos!”. Con independencia de matices ¿acaso la lucha por las pensiones no lleva en su columna vertebral la exigencia de una vida digna a quienes lucharon por la nuestra? ¿Acaso no es revolucionario -y antisistema, teniendo en cuenta la ética monetarista del actual orden de cosas- reconocer en el justo cuidado de nuestras personas mayores que “la acumulación del tiempo en sus vidas es la que posibilita las nuestras”?

Este lunes, miles de personas hemos salido a las calles de Sevilla -y en todo el territorio del Estado- a “exigir la devolución del Fondo de Reserva de la Seguridad Social -robado a los/as pensionistas-, la subida al IPC real (que en el acuerdo del Pacto de Toledo aún permanece ambiguo), el aumento de las pensiones de viudedad y en general todas, hasta una cuantía de 1.080 euros, como nos dice la Carta Social Europea”. También, desde la Coordinadora Estatal, se pide el cumplimiento efectivo de la Ley de Dependencia, la desaparición de la brecha de género en las pensiones, la anulación de las reformas laborales del 2011 y 2013 (esto es, de Zapatero y Rajoy), que han elevado la edad de jubilación hasta los 67 años, el cálculo de la pensión hasta 25 años, así como la supresión del nefasto “factor de sostenibilidad”. Pero también, y quizá sobre todo, en esta lucha lo que estamos haciendo, como seres humanos, es valorarnos a nosotros/as mismos/as en la sociedad en que nos movemos.

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