El pozo

El sábado pasado recibí este mensaje del maestro Juan Morillo:

Este lunes, con emoción, incredulidad y satisfacción, comienza a retirarse la tierra que durante 81 años ha venido ocultando los cuerpos de 5 jóvenes fontaniegas, vejadas, humilladas y asesinadas por golpistas falangistas en 1936.

Se abrirá la tierra pero sin intención de abrir heridas sino de conocer la verdad, hacer justicia y devolver la dignidad arrebatada a estas jóvenes y a sus familiares. Su único delito: defender la libertad y la legalidad expresada por la voluntad del pueblo.

Será el lunes próximo a partir de las 12 de la mañana en el mismo pozo de la finca del Aguaucho. El Ayto. dispondrá a las 11,30 de vehículos para el traslado de vecinos y vecinas.

Todos los que lo deseen están invitados.

Nosotros, allí estaremos, dando nuestro apoyo, compañía y colaboración.

Ese lunes del que habla Juan era hoy. Hace apenas unos minutos de cuando escribo esto (las 16,12 h.) he recibido otro mensaje suyo, muy escueto:

…y apareció el pozo.

No puedo imaginar la emoción que debe suponer el hallazgo para él y para las familias de aquellas cinco chicas. Después de 81 años sepultado, el pozo de la vergüenza y la humillación vuelve a estar ahí, como un ojo cerrado a la espera de una luz de verdad, justicia y reparación. El ‘Romance del Aguaucho’ escribirá así un capítulo nuevo, que no será el de un final feliz pero, al menos, servirá para reafirmar que “lo que incita a hombres y mujeres a la rebelión no es el sueño de la liberación de sus nietos sino el recuerdo de sus antepasados oprimidos. Estamos aquí para agitar en nombre de los que ya no pueden hacerlo: los muertos”. (Terry Eagleton, Esperanza sin optimismo).

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