25.09.2020

2020 en Sol Mayor

Mi particular recorrido vital ha llegado a la madurez en los últimos diez años (2010-2019), de modo que es con esta palabra, madurez, sin otra connotación previa que la pura evidencia física, con la que podría definir la década recién terminada; madurez por el máster de 1º de paternidad (la calificación, en diferido), por la brecha que deja la pérdida de madre, de padre, de seres cercanos tan queridos; por asumir que tengo que afeitarme con gafas y que mi buena salud, toco madera, es un regalo que no se envuelve solo, que hay que cuidar, incluso enamorar (perdón por la pedantería, pero yo me entiendo).

Por haber sido moderadamente feliz (nota media), justo hasta el punto de no presumir, de no tener que pedir perdón por ello. Y por asumir que los años que restan son menos que los vividos, salvo error u omisión de la providencia.

Ahora encaramos la década de los 20. Levanto la persiana del dormitorio y un Sol Mayor en el cielo. Nos encanta saludar así el día después de la resaca, pero sabemos que hace falta la lluvia del porvenir: creo que este es el signo de este tiempo, contradictorio, como la etiqueta de “felices 20” del siglo pasado, que tenía pintado en el reverso el crack del 29. 

En 2009 no existía «Carrie & Lowell», de Sufjan Stevens (2015), mi disco favorito de la década, el que más emociones imprevistas, no planificadas, desconocidas. El 2020, y lo que venga, es como responder a la pregunta “qué tres cosas te llevarías a una isla desierta”, como preguntar a un niño si quiere más a su madre o a su padre ¿Tiene sentido elegir? Incertidumbre o arma cargada de futuro. Levanto la persiana de las redes sociales y os veo imponentes, que seguís ahí dando la guerra, saltando, el maestro Juan Morillo cumpliendo años, inasequibles al desaliento (como se decía en otra década anterior, del siglo pasado); poniendo los pulsos en hora con Marcos Ana, referencia del pasado y linterna para apuntar hacia adelante.

Quienes nos quieren escribir el guion y los que ponen el corrector ortográfico y subrayan ‘guion’ cuando lo escribes sin tilde, son de la misma academia: quieren que nos fijemos solo (o antes sólo) en la palabra. Pero no: el propósito, el nuestro, es que escribamos el guion (y el guión). Feliz 2020.