芦Los viernes sol铆amos acudir a un club gay llamado Heaven que estaba debajo de los l贸bregos, fr铆os y h煤medos arcos de Charing Cross Road, para departir con los encantadores chicos de ojos desorbitados, abandonarnos al pulso y a la adrenalina del ritmo, el palpitar de las vibraciones y el dulce hormigueo del abandono禄. (Brett Anderson, ‘Ma帽anas negras como el carb贸n’).

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