El muchacho de la bufanda
(hoy del Betis) dibuja figuras geométricas en una libreta (distinta a la de ayer) mientras espera el autobús. Me he fijado: no es tan muchacho, y maneja el bolígrafo de manera tan compulsiva como habla. Dice: «Me puedes mentir todos los días, pero no me puedes engañar todos los días». Se levanta, da la vuelta a la marquesina y vuelve a sentarse. Ojalá me regale alguna vez una de esas libretas cuando las acabe de llenar.
We love the city because it lets us down.
Primer día de mi vida que me vetan
en una reunión. La marcaremos en el calendario; el veto es una suerte de reconocimiento. Parece que la derecha se envalentona, vuelve la burra al trigo, MAR ejerce de matón con una periodista de eldiario.es y en instancias de menudencias (la agencia pública de viviendas de la Junta de Andalucía, AVRA) se excusan diciendo que un político no tiene que asistir a una cita entre instituciones. Saben que mi presencia molesta porque un servidor fue director de vivienda y rehabilitación en esa agencia, que puedo cantarles las verdades del barquero, y saben también que no la iba a liar parda de antemano, pensando que en este caso el fin justifica los medios, que más vale ciento volando.
New star in the sky.
Me acerco a Isaac Rosa,
al final me atrevo, le cuento que en IU Sevilla tenemos un club de fans (es un decir) con su nombre, otro de Belén Gopegui y un tercero de Sr. Chinarro. «Aquí hay una representación del tuyo, pero nadie se atreve a decírtelo». Me ha sonreído y respondido con aprecio a las tres referencias. Afirmo que me he muerto de vergüenza.
Les yeux dans le soleil, dans le ciel inversé.
Las ratas meriendan marihuana
en una comisaría de Nueva Orleans y un enjambre de abejas invaden la pista de tenis de Indian Wells el día en que Antonio Luque repasa vida y milagros de sus compañeras y compañeros de comunión. Lo natural y lo sobrenatural se funden en el panel de votación de la ley de amnistía en el Congreso, ahora la distopía de dos meses en el Senado y luego Puigdemont en maletero del coche o en olor de multinacionales (las multitudes no, el tiempo pondrá cada cosa en su lugar) a deshojar la margarita donde ocupar su escaño. En ocasiones se puede deconstruir la sintaxis y el viernes se entiende igual, en el vagón de metro se anuncia Pablo de Olavide cuando llegamos a Prado de San Sebastián.
Rendez-nous la lumiére, rendez-nous la beauté.
Soy como escribo
El corazón de un cerdo
en este caso no es una metáfora (como el vertedero de Sao Paulo), sino un encargo del profesor de biología de mi hijo para un experimento en clase. No es difícil de conseguir, pero lo tienes que encargar en la carnicería del barrio; conservarlo en la nevera contribuye a la causa del veganismo sin necesidad de leer libros sobre el Antropoceno y los porqués del colapso medioambiental del planeta.
There is a light that never goes out.





