02.12.2021

Distopía laboral

Cuando Julia Roberts le pregunta a Richard Gere a qué se dedica, éste le responde algo así como: «Compro empresas en crisis, las troceo, las vendo y me quedo con las ganancias». Además de blanquear la prostitución, ‘Pretty Woman’ muestra la cara bonita de una práctica habitual del mundo empresarial y de las finanzas, nefasta para la clase obrera, que hoy en día está a la orden del ídem. Y no hace falta irse a los USA para buscar un ejemplo: en Dos Hermanas, la empresa familiar Pansur, originariamente propiedad de una saga sevillana de panaderos (los hermanos Pineda Rivera), cayó en manos de un fondo norteamericano (Sandton Capital Partners), asesorado por el inversor inmobiliario y logístico (Savills Aguirre Newman), comprada por la compañía europea Mileaway, lanzada por el neoyorkino Blackstone, y ha acabado vendida a Lorenzo Arístides Pérez Guerra, letrado canario especializado «en comprar empresas que están pasándolo mal para darles valor, mi profesión me ha enseñado hacerlo», porque «los fondos de inversión ponen dinero pero no son buenos gestores».

Parece que Pérez Guerra no es mejor gestor que los fondos de inversión (¡¿Sorpresa?!). Preconcurso de acreedores en julio («El preconcurso no significa que vaya a ir finalmente a concurso») y concurso de acreedores en unos cuantos días. La panificadora Pansur, que llegó a contar con casi 200 personas trabajando, apenas cuenta hoy con un tercio de la plantilla de hace dos años («Mi objetivo es que la empresa no cierre y que se mantengan sus 90 puestos de trabajo»), y en los últimos meses han salido de la plantilla 20 trabajadores con contrato indefinido, a los que se les debe las nóminas de agosto y septiembre. Como el Richard Gere, vaya, pero en canario.

Hoy nos hemos reunido Paqui López y yo con algunos de los despedidos, que han denunciado y están a la espera del acto de conciliación y, supongo, juicio por despido improcedente. Algunas interioridades del conflicto que nos han contado no se pueden decir aquí, pero ríete tú de aquel que dijo «He visto cosas que no creeríais» en aquella maravillosa distopía que, (no solo) en lo laboral, se acelera peligrosamente en su viaje desde el futuro al presente, versión «Compro empresas, troceo a sus trabajadores, los vendo y me quedo con las ganancias».