Pertenezco a ese ramalazo generacional

que, como Antonio Luque, observamos con cariño las viejas fotos de la primera comunión, pero decidimos que nuestros hijos crecerían moritos. Las mías (mis fotos), una en color de Estudio Alba y otra cutre en blanco y negro rotísimos, con tres amigos del alma, en medio del albero donde se cortaban las avenidas Reyes Católicos y Los Pirralos, entonces Cardenal Cisneros. Gracias a los abuelos comunistas, el asfaltado, las aceras y el agua potable llegaron años más tarde a esos barrios humildes de Dos Hermanas. Hoy sería un troleo peatonal marcarse un selfie en ese mismo cruce.

Etiqueto esta semana

con la canción Tes desirs font desordre, de Cali y Dominique A, una suerte de Insurrección dulce, banda sonora de un primer lunes de abril con María Cortijo ilustrando Estampa Popular Sur a nuestra cuadrilla comunista, resolviendo el enigma del retrato a lápiz que su padre nos dedicó hace décadas.

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I’ve changed my routine now I’m clean.

Pasó el siglo en que los pantalones rotos

de Kurt Cobain hacían juego con las camisetas del Che y los obreros que levantaban los cubos del Kursaal comían en el bar Ondarra, cuyo dueño cantaba en La Buena Vida a las afueras del auditorio el mismo día que Ainhoa Arteta lo inauguraba dentro.

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El dos de abril de mil ochocientos,

Beethoven estrenó en Viena su Primera Sinfonía, iniciando una revolución de la música clásica que acabaría, cien años después, con la disolución de la tonalidad.

Resurrección rima con

Robert Wyatt: me paso la mañana redescubriéndolo por culpa de un artículo publicado en Nuestra Bandera (El intangible hilo rojo en la historia de la música pop; conquistas y rupturas), del que cabría una playlist (rebujo, que lo etiquetaba mi amigo Miguel Ángel Pernía cuando las casetes Basf, TDK, etc.) con RW, Los Prisioneros, la recopilación The Red Songbook del partido IWW, The Clash, Billy Bragg, The Housemartins y los indies June Brides, McCarthy (origen de Stereolab) o Gang Of Four.

Basta un cretino

para ponerte los pelos de punta. Lo cantan The New Raemon & McEnroe en Montañas. El algoritmo conduce la música más apropiada contra el acuaplaning. El agua de la mañana no cesa y aplasta cualquier esbozo enmarañado; llueve hasta dentro del aparcamiento subterráneo. La asamblea memorialista de Gavidia se muda por unas horas a la antigua cárcel de La Ranilla, es gente inasequible al desaliento, cubren las rejas con pancartas y banderas tricolor, colocan su simbólica Pico Reja sobre el acerado y hacen sonar Para la Libertad.

Gavidia en La Ranilla

Leyendo Mundo Obrero

encuentro unas cuantas frases que pongo aquí en fila india por lo que puedan servir. "Hay que mirar con un ojo al camino y con el otro al porvenir", escribe Miguel Usabiaga, quien más adelante cita a Saint-Exupery: "Si quieres construir un buen barco, antes de poner a trabajar con los planos y la madera a los mejores ingenieros y artesanos, tienes que suscitar en ellos el deseo de la mar".

Tengo el mismo tornillo suelto

que Paterson / el conductor de autobuses de Paterson / (la ciudad) / en la película de Jim Jamursh. / Paterson escribe poemas / (que parecen prosa) / y se niega a usar teléfono móvil / (he bajado cuarenta y siete minutos la media / y aun así casi cuatro horas diarias). / Montas un mueble del Ikea / y al final del proceso / te queda un tornillo / y no sabes si falta o sobra: / ése mismo, / Paterson y yo. / (Ambos más de Loie Fuller que de Isadora Duncan).

Mamaina

Harmony of Spheres.