La realidad no se limita a las cosas que se pueden ver

Cuando lees compulsivamente, te trasladas. Desde la azotea de casa no percibes rastro de la semana santa, ni de la campaña electoral; recoges la ropa cuando escuchas las tormentas, la gente cruza la Plaza del Arenal con paraguas colgados del brazo, las nubes negras se derraman sobre Las Portadas.

La ilusión de la realidad

Jueves en Burguillos y viernes en Fuentes de Andalucía: los días empiezan a rodar, el trabajo permanente garantiza la adherencia, es la mejor sordina para combatir el ruido de fondo. Se habla del 42º aniversario de los asesinatos de Atocha y en Radio 3 suena una versión de ‘Gallo Negro, Gallo Rojo’, de Sánchez Ferlosio.

Cuando canta el gallo negro es porque se acaba el día / Si cantara el gallo rojo otro gallo cantaría.

El tumulto de la vida interior

"Justo antes de los exámenes de bachillerato, la primavera bullía en París y su madre la dio permiso para ir a estudiar a los Jardines de Luxemburgo. Simone se sentaba al borde del césped, junto a la fuente de Médicis y se sentía libre al fin". Carmen G. de la Cueva, Un paseo por la Vida de Simone de Beauvoir.

Extractando «Dígaselo con Marx»

En esta España que bosteza, cómodamente instalada en la modorra del miedo a pensar y a enfrentarse a la realidad de ahora y, sobre todo, de lo que va a llegar (jóvenes, pensionistas, enfermos, desahuciados, precarios), Carlos Marx sería un tipo bastante incómodo, incluso para los que dicen hablar en su nombre.

Javier Navascués: su broma de ingeniero

La entrevista concluye, Javier se ha reservado para el final una broma de ingenieros, como él la llama, que me dice que quiere hacer constar para siempre: «Sabes? La tesis XI sobre Feuerbach de Marx dice que los filósofos, hasta ahora, han interpretado el mundo, y lo que hay que hacer es transformarlo. Pues mi hijo escribió debajo ‘por eso mi padre es ingeniero’. Y es verdad, porque lo que me interesa es cómo se transforma, lo otro es arqueología… a mí no me interesa la arqueología, me interesa la historia por venir. No la mía, sino la del mundo, la de la especie, la de mi gente».

Dígaselo con Marx

Cuando estuve de Director de Vivienda y Rehabilitación en AVRA compartí muchas horas de trabajo y conversación con Miguel Martín Manjón, un madrileño singular que, en el paso del tiempo, ha seguido manteniendo la amistad verdadera, esa que nada tiene que ver con las redes sociales o la frugalidad del lenguaje.

Han pasado los meses, ya tres años y pico, y esa amistad verdadera permanece incluso en la distancia. Miguel ahora ha obtenido su plaza en el Tribunal de Cuentas, y cada vez que puede nos llamamos o nos visitamos, yo a su Madrid, él a mi Sevilla. Estos días anda por aquí, y ha seguido cultivando, como es su costumbre, la mejor manera que le conozco de reforzar sus vínculos humanos: regalarme un libro.