La piedra en la cabeza de la serpiente
Nabi Saleh es un poblado de 520 habitantes situado en el Estado de Palestina, a 5.780 kilómetros de distancia desde donde escribo. Allí nació Ahed Tamimi hace 17 años. Como toda su familia, es una activista contra la ocupación israelí de tierras palestina. Su padre, Bassem al-Tamimi, nos ha contado hoy en Sevilla cómo viven (es un decir) el día a día en su lucha por la dignidad de un Pueblo sometido a todo tipo de violaciones de los derechos humanos.

Tal día como hoy, en 1982, dio comienzo uno de los crímenes más monstruosos del siglo XX. El 4 de junio de ese mismo año, el ejército israelí había iniciado la invasión de Líbano. Bombardearon hospitales y orfanatos y, según la Cruz Roja, atacaron sus ambulancias y sus voluntarios para impedir que pudieran evacuar a los heridos o transportar alimentos y medicinas.
Cinco días de casi desconexión y después a casa por vacaciones, que es el título de una película sobre la falta de comunicación humana (
A las ocho de la tarde hay dos personas en la sala de cine. Se ilumina la pantalla y aparece un paisaje desértico, un saguaro enorme y un galápago atravesando por una esquina. Nunca la Alameda de Sevilla había estado tan cerca de la frontera con Arizona; salvo, tal vez, hace 10 años, cuando tocaron Yo La Tengo en el festival Territorios.
En esta España que bosteza, cómodamente instalada en la modorra del miedo a pensar y a enfrentarse a la realidad de ahora y, sobre todo, de lo que va a llegar (jóvenes, pensionistas, enfermos, desahuciados, precarios), Carlos Marx sería un tipo bastante incómodo, incluso para los que dicen hablar en su nombre.
Arde la calle al sol de poniente: hay frases que son patrimonio intangible, como la siesta en vacaciones, la persiana bajada y el más absoluto de los silencios al otro lado del cristal, ahí abajo, en la plaza.