Juana y Mayte (y viceversa)

En política hay una delgada línea roja que separa los principios ideológicos de los cálculos electorales; atravesarla, pisarla o sencillamente borrarla es muy sencillo, sobre todo cuando hablamos de política municipal, donde las personas que votan y las personas votadas son literalmente vecinas. Me lo dijo una vez un concejal del ayuntamiento de Dos Hermanas: «al pueblo hay que darle lo que pide, no lo que necesita». Un ejercicio de grouchomarxismo puro, muy útil si quieres hacer política para estar y permanecer y no para mejorar y cambiar el mundo.