Pasó el siglo en que los pantalones rotos

de Kurt Cobain hacían juego con las camisetas del Che y los obreros que levantaban los cubos del Kursaal comían en el bar Ondarra, cuyo dueño cantaba en La Buena Vida a las afueras del auditorio el mismo día que Ainhoa Arteta lo inauguraba dentro.

20240328_223208