Todo no está en Bourdieu, sino en Radio Futura.
El núcleo irradiador conservador de los jueces exigen que la política no utilice a la justicia. Estoy de acuerdo: aplíquenselo en modo viceversa. No sé cómo describirlo sin que suene cursi: ayer el amanecer nos regaló unos preciosos tonos rojizos en las barrigas de las nubes. Por desgracia, otras nubes en el hemisferio sur son la viva imagen de la tragedia. Valparaíso quiebra con lágrimas de tristeza la suave canción de Lorenzini/Erlend Øye.
Mil voces por la Paz.
Las setas de la Encarnación son agradecidas para hacer fotos. Conservo decenas de ellas, las escaleras llenas de personas, pancartas, banderas. Cuando el cielo es tan azul, hermosea los contrastes entre la naturaleza y la arquitectura, no necesitas filtros artificiales, cualquiera puede sentirse orgulloso de los resultados de un clic. Y de iniciar allí la revolución de los derechos humanos.
Space Oddity.
Viernes noche en un coloquio sobre Gramsci. Caminando hacia el CICUS me sorprendieron las calles iluminadas, el escaparate de bañistas en San Bernardo, personas bailando «A quién le importa» en la puerta de un bar de copas, mujeres asiáticas barriendo las aceras de los restaurantes para turistas. Pero, sobre todo, me sorprendió llegar a un salón abarrotado de jóvenes y no-tan para escuchar a Daniela, Sarrión y Sierra compartiendo maestrías sobre hegemonía cultural, comparaciones odiosas con Laclau y rompeolas de significantes vacíos.
Loneliness.
La cultura es la memoria de los pueblos. Recuerdo la pandemia de las aulas vacías y los patos atravesando la plaza del Arenal desierta, pero también por los libros que leí. Ana Karenina fue mi rutina de soledad en aquellas semanas de encierro en la vpo, el toque de queda y las ventanas de zoom. La soledad siempre acompañada, desde Moustaki hasta las nuevas soledades de Pet Shop Boys.
Democracia taparrabos.
Las noticias abochornan a las preocupaciones ciudadanas expresadas en el CIS, los designios del cambio climático y la colección de hipérboles del diccionario. La caverna mediática titula «Amnistía o libertad»: más apropiación indebida imposible, más oximoron no puede ser, más razón tenía Lenin en su «Libertad para qué». La alternativa al antifascismo es la hora más oscura de Europa, una democracia taparrabos del neofascismo mainstream.
Nadie sin su papel.
Fin de semana de asambleas en La Campana (viernes), El Viso del Alcor (sábado) y Huévar (domingo). Entre medias, videoconferencias on the road, ratos de música y escapada al cine. De lo uno: tanto escuchar a Kortez ha dislocado los algoritmos de la app de música por streaming que me recomienda novedades. De lo otro: el retrato del lumpen finlandés en Kaurismaki es un alegato de la dignidad del proletariado. Fallen leaves está en pocos cines, pero se proyecta en infinidad de hogares; su sentido del humor quema igual que la escarcha: los ambientes sórdidos atraen, las conversaciones son cortas pero dicen largo, los rostros hieráticos de los personajes seducen, lo secundario interpela y reclama la atención (un cartel de ‘Prohibido fumar’, la comparación de una película de zombis con Banda aparte de Godard, la pareja caminando al final…).







