Del Real Madrid yo me fui a jugar al Inter. Terminé ese año en el Real Madrid de figura, era prácticamente una figura importante dentro del fútbol europeo. Y me voy a jugar al fútbol italiano, al Inter de Milán, uno de los clubes más famosos de Europa. Llego como figura y entonces pienso “El 9 lo tengo para mí, lo tengo guardado”.

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«Estos son tiempos de revolución. En todo el mundo los hombres se su levantar contra los viejos sistemas de explotación y opresión, y de la matriz de un mundo precario nacen nuevos sistemas de justicia en igualdad. Los descalzos y descamisados de la tierra se levantan como nunca antes lo habían hecho».

Martin Luther King, iglesia de Riverside (Nueva York), 4 de abril de 1967.

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De quien guardo una preciosa correspondencia es de don Ramón Carande, de quien me gusta recordar su respuesta a un periodista que le pedía que resumiese la historia de España en dos palabras: «Demasiados retrocesos». Nunca me dio clases, pero sí buenos consejos, y lo considero también como uno de mis maestros. En tiempos en que muchos teníamos la ilusión de que la universidad podía cambiar el día en que mudase el régimen, Carande me decía, en una carta escrita desde Extremadura en julio de 1970: «Lo único claro, me parece, es que nada debemos esperar de la universidad, incluso si expulsase ¿cuándo? a los policías, mientras imperen los docentes actuales. En lugar de ¿nuevas? universidades, sin profesores, necesitamos muchos miles de escuelas y maestros. Únicamente cuando lleguen a discurrir los españoles, discurriendo harán que se conmuevan las estructuras más reacias, y barrerán a las que ya están putrefactas». Cambió el régimen y se pudo ver que don Ramón había acertado en sus vaticinios sobre la universidad. Por otra parte, no está claro que los españoles hayan llegado realmente a discurrir. Intentó conseguirlo en su tiempo la Segunda República con su política de escuelas y maestros, y se organizó una Guerra Civil para impedirlo.

Entrevista a Josep Fontana en la revista de la FIM Nuestra Historia n° 3 (2017).

Este hombre con pinta de actor de telefilm setentero es (fue) Jeremiah Denton. Todas las biografías, artículos y obituarios que circulan en las redes sobre él hablan de su heroísmo y resistencia tras pasar 8 años como prisionero de guerra en Vietnam del Norte.

Según publicó El Mundo cuando falleció, «Denton alcanzó fama mundial con una entrevista preparada por los vietnamitas del norte, en la que, al tiempo que decía a su entrevistador que era tratado adecuadamente parpadeaba en código morse la palabra ‘tortura'» .

Lo que te costará trabajo encontrar es que afirmó que, en sus años de cautiverio, dios le hablaba y le había escogido para combatir a los enemigos de la civilización norteamericana. Durante la presidencia de Ronald Reagan, esa voz divina le llevó, como presidente del Subcomité del Senado sobre Seguridad y Terrorismo, no sólo a sospechar de todos los movimientos antibelicistas y antinucleares, sino a pensar que la propia ONU «estaba bajo un creciente control del KGB» soviético.

Según el historiador Josep Fontana, personajes como Jeremiah Denton contribuyeron, durante la década de los ochenta del siglo pasado, a difundir «la creencia de que había en el mundo una amplia conspiración terrorista alimentada y armada por Moscú». Más de 50 operaciones encubiertas y guerras sucias auspiciadas o provocadas por la CIA, la mitad de ellas en América Latina, fueron la consecuencia de esta «siniestra obsesión».