Una città della mente

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Me cuenta el compañero Antonio L. Girón que, entre finales de 1990 y principios del 91, paseó con Pietro Ingrao por Granada, desde el Albaicín hasta el mirador de la Alhambra, donde, al asomarse, el dirigente comunista italiano exclamó: «Una città della mente».

La huella sonora

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José Luis me contó que, días antes del incendio en el Soberao Jazz, había soñado que quitaba las placas de escayola del techo y pintaba las bovedillas de azul cielo.

Días después del incendio, soñé que José Luis estaba tocando su saxo entre las llamas del bar, como cuentan de los músicos del Titanic mientras se hundía en el mar.

Viaje a ninguna parte

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El dinero lo es todo cuando no lo tienes, pero, cuando lo tienes, vuelve más evidente lo que te falta.

Al poco de morir Rafael Chirbes, la escritora Marta Sanz le dedicó un precioso artículo en donde afirmaba de él que «encarna una figura aparentemente imposible: la del escritor marxista que a la vez es un escritor comprometido con la belleza y la violencia de cada palabra. El impulso de su literatura no es solo ético, sino también estético. No es solo ético, sino también político».

Comenzar

Se dice que vivir es siempre comenzar. Mi primer día como coordinador provincial ha transcurrido entre llamadas y mensajes, que creo haber respondido todos, siquiera con un «gracias» o un «me gusta», no por breves menos agradecidos. Algunas entrevistas, conversaciones de trabajo, intercambio de impresiones y una excelente noticia cercana.

Diálogo de fugitivos

«Nosotros no necesitamos el apetito, tenemos el hambre». Ayer cerré un libro en la piscina municipal (‘El alma del hombre bajo el socialismo’, de Oscar Wilde) y hoy he abierto ‘Diálogo de fugitivos’, de Bertolt Brecht. La edición que tienen en la biblioteca es de 1973, es decir, una joya de bolsillo publicada en plena agonía del régimen.

Moon River.

Durante treinta años viví en un piso bajo de un edificio de cuatro plantas, por mi ventana pasaba la gente y nunca sabías si se miraba en el cristal o husmeaba por el interior. Ahora, en las noches de ventanas abiertas, desde la cama puedo ver las copas de las palmeras a la altura de mis ojos, y, más allá y más abajo, las farolas encendidas de la avenida Ramón y Cajal, que tantas veces recorrí camino del instituto, e incluso, a lo lejos, hundidas en la Sevilla al nivel del mar, las balizas de luz roja en lo más…
La lógica

La lógica

Mi cuaderno es también contenedor de historias. En él, además de escribir mis cosas, guardo pequeños tesoros que voy recogiendo de aquí y de allá. Ayer, por ejemplo, inserté una reproducción de una original señal de tráfico que me ha traido de Florencia mi compañero-jefe, Fernando. Allí, las calles se están llenando de peces-flecha de dirección obligatoria, o sierras que cortan el trazo de prohibido el paso, o la convierten en escultura, como en la imagen de arriba. Mi cuaderno conserva también un recorte de la revista Babelia, un artículo escrito por Santiago Auserón, titulado "La deuda griega", que guardo…