Contando ovejas con Esopo, mascarillas en las aceras y Odiómetro

Intento acostarme temprano, no como Isabel Ballesteros, Miguel Ángel Rosa o Juan Carlos Ruiz, que le dan ‘me gusta’ a mis publicaciones pasadas las 12 de la noche; o Gema García, que me escribe casi a las mismas horas, apurada, porque antes no la dejan las reuniones de presupuestos. Todo esto lo sé porque intento acostarme temprano, pero a veces no lo consigo, y no por el calor, sino por la dificultad de espantar a los demonios en la hora en que la oscuridad te hace ver todo más claro. A los demonios les pasa como al capitalismo: no los hay de rostro humano, si les dejas un resquicio abierto te montan la fábula del escorpión y la rana.