26.10.2020

Tres tareas básicas (pero importantes) que podemos hacer sin salir de casa

Creo que fue Serrat quien publicó a los 40 un disco titulado algo así como «hace 20 años yo tenía 20 años». Hoy he cosido esa referencia con una anécdota de cuando hice la mili, es decir, más o menos con la mitad de la edad que tengo ahora («hace 26 años y tres cuartos yo tenía 26 años y tres cuartos»). Allí conocí a un militar con depresión porque había aparecido en unas imágenes de archivo que Canal Sur había utilizado para una noticia comprometedora. Eso me dijo, al menos, y lo peor es que sus jefes lo habían visto.

Ignoro si el militar en cuestión estaba mintiendo o si alguien estaba aprovechando la coyuntura para acabar con él. Tal vez la percepción que tenemos hoy de entonces es más (falsamente) inocente, si bien lo de «las mentiras tienen las patas muy cortas» es más complejo de sujetar en estos tiempos de redes sociales y sistemas de mensajería instantánea repartiendo estopa sin pudor. Siendo insoportablemente peligrosos los Pedro J. y los Ansón de hace dos décadas, sus tejemanejes eran más sofisticados y ‘elegantes’ que la náusea matoniana actual de algunos medios, sobre todo (pero no solo) digitales.

OK Diario y Libertad Digital son la nueva versión española de Das Reich o de Völkischer Beobachter, solo que los enemigos de ahora no son los judíos, sino los rojos de siempre y los progres, los inmigrantes y MENAs, el feminismo, los homosexuales… es decir, la canalización del odio por parte de los primos macarras de los Carlos Herrera, Antonio Burgos o su escudero García Reyes, paradigmáticos herederos refinados y castizos del micrófono de Queipo. En ABC aún manejan ciertos reparos del periodismo clásico, como utilizar la retórica para evitar la verdad a la par que las condenas judiciales, usar los entrecomillados en modo «a mí que me registren», recortar frases para pegar fuera de contexto, censurar a instancia de parte… esas cosas. Los cafres modernos, sin embargo, han destapado las cloacas donde guardaban las cadenas que usaban en los años 70 y se han echado a juntar bulos a quemarropa, usando bots y comprando perfiles falsos para soltar cadenazos mediáticos a los rojos. Ya no necesitan raparse las cabezas: les basta con compartir memes entre sus contactos de whatsapp.

Frente a eso, ¿qué hacer? ¿Qué hacemos precisamente ahora, cuando más crudo nos lo están poniendo y, sobre todo, cuando más necesitamos llevar cada día al Consejo de Ministros salidas que beneficien a la inmensa mayoría, que permitan afrontar las consecuencias de la mejor manera posible y durante el menor tiempo posible y, por supuesto, lo menos parecida posible a las salidas de aquellos terribles vienes negros de las etapas de Zapatero y Rajoy?

En mi opinión, y en primero lugar, es fundamental romper las cadenas. Incluso en grupos de whatsapp de IU he visto mensajes basura que sólo han podido salir de una caverna. Tenemos que controlar la pulsión de reenviar todas las gracietas que se nos ponen por delante sin reflexionar sobre el mensaje. Debemos pensar que somos nuestros/as únicos/as aliados/as, que nuestra fuerza individual es fundamental para el éxito colectivo. Mira qué bien lo expresa Elena Cortés:

En segundo lugar, algo sencillo que cada cual puede hacer en su entorno más inmediato es contrarrestar los bulos acudiendo a sitios como Maldita.es o StopCoronaBulos, donde se ofrecen pruebas que desmontan falsedades como las que a cada rato recibimos del transportista que lleva mascarillas andaluzas a Francia, el conductor de ambulancia requisada para llevarla a la casa de Pablo Iglesias o pasajero de avión repleto de malagueños, chinos e italianos.

Y tercero: frente a la mentira, la más absoluta de las verdades. Ayer recordé en Facebook esta frase de Santiago Alba Rico: «Un mentiroso nunca tendrá el menor escrúpulo en utilizar también la verdad; un revolucionario jamás considerará un instrumento de liberación la mentira. Tenemos que aprender a usar esa desventaja en nuestro favor». La cita es de hace 8 años, más o menos de cuando estábamos en el pico de la crisis anterior. Creo que la mejor forma de atajar un problema es levantando la mirada y decir claramente la verdad. Y la verdad es bien sencilla de explicar: Puede que nos equivoquemos, incluso más de una o dos veces, pero hay algo que tenemos claro y que nadie nos va a arrebatar: cada propuesta, cada medida y cada acción que ponemos o pongamos en marcha tiene como objetivo fundamental e incuestionable evitar que la crisis la paguen los y las mismas de siempre. Si hace falta, lo repetiremos mil veces, una detrás de otra, y todas estaremos diciendo la verdad. Que se sepa.