Blanco

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Sin leer a Saramago, te dice que la nada es de color blanco. Que cuando no había ni siquiera palabras, todo era blanco. Como la ceguera, que luego alcanza la lucidez. Saramago, tan lúcido, era pesimista, un pesimista en blanco:

Salimos a la calle puros y luminosos, lavados de la cabeza a los pies, desodorizados, perfumados, y caminamos, otra vez ciegos, por las ciudades, por las playas, por los campos de un mundo que estamos convirtiendo en estercolero.

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