01.06.2020

105 Cumpleaños de Cortázar

Desde el primer momento, a fines del otoño triste de 1956, en un café de París con nombre inglés, adonde él solía ir de vez en cuando a escribir en una mesa del rincón, como Jean-Paul Sartre lo hacía a trescientos metros de allí, en un cuaderno de escolar y con una pluma fuente de tinta legítima que manchaba los dedos. Yo había leído Bestiario, su primer libro de cuentos, en un hotel de lance de Barranquilla donde dormía por un peso con cincuenta centavos, entre peloteros mal pagados y putas felices, y desde la primera página me di cuenta de que aquel era un escritor como el que yo hubiera querido ser cuando fuera grande. Alguien me dijo en París que él escribía en el café Old Navy, del Boulevard Saint-Germain, y allí lo esperé varias semanas, hasta que lo vi entrar como una aparición. Era el hombre más alto que se podía imaginar, con una cara de niño perverso dentro de un interminable abrigo negro que más bien parecía la sotana de un viudo, y tenía los ojos muy separados, como los de un novillo, y tan oblicuos y diáfanos que habrían podido ser los del diablo si no hubieran estado sometidos al dominio del corazón.

Gabriel García Márquez, El argentino que se hizo querer de todos.

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Macondo

“El mundo era tan reciente que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo”.

Hoy, cincuenta años después, todo lo que existe tiene un nombre porque tiene un precio; el dedo que señala es un emoji y, en ocasiones, somos igual que los habitantes de Macondo, vivimos el siglo XXI como indígenas que echan de menos una tierra que nunca existió.

Qué hacemos

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Después de pasar por Tomares, asamblea en Santiponce para contar, conocer, dar y recibir aliento, crear unidad popular, animar a la participación en las primarias de Ahora en Común.

Sobre la mesa de la sala, un calendario (hecho por nuestra gente de Izquierda Unida Carmona) con un campo de girasoles y una cita de Galeano: Somos lo que hacemos para cambiar lo que somos. Pienso: tiene su gracia que hoy se haya hablado tanto de Regreso al futuro, pero lo que somos y lo que hacemos, o debería, bebe de García Márquez y se lo debemos a Neruda, que recibieron el Nobel un 21 de octubre, en 1982 y 1971. Hablemos, seamos eso. Lo auténtico es tendencia permanente.