Por la Libertad del Pueblo Saharaui. Hoy y siempre

Sería deseable que fuera el último año que tuviéramos que exigir el fin del exilio del Pueblo Saharaui. Ojalá  que, en 2019, lo que celebrásemos en la asamblea de IU Dos Hermanas y en las calles de Sevilla fuera la recuperación de la libertad de una patria olvidada por quienes deberían velar y desvelarse en el respeto a los Derechos Humanos y no en los intereses más espurios de la condición humana. Mientras eso no llegue, seguiremos luchando, reivindicando, siendo, modestamente, una de las voces del Polisario y de la República Árabe Saharaui Democrática.

Desde luego, una de las connotaciones más admirables de esta lucha, se mire por donde se mire, es la perseverancia. Tal vez no sea el valor en alza que propicia el neoliberalismo para otros menesteres (la competitividad, el emprendimiento, el paradigma de lo individual frente a lo colectivo…), pero nadie podrá negar que mantener un compromiso permanente, durante décadas, con quienes lo tienen todo perdido y sólo les queda ganar o morir, es la única forma de conservar viva la llama de lo utópico (futuro deseable, lejano pero alcanzable) frente a las brasas de lo distópico (futuro indeseable pero también posible), más aún cuando lo distópico se parece demasiado al presente.

Esa llama la mantienen las asociaciones que cada año se embarcan en el programa Vacaciones en Paz, en la Caravana que recoge y transporta alimentos a los campamentos saharauis, en las familias que se dejan lo que tienen (y a veces lo que no tienen) con tal de que los niños y niñas que vienen de esos campamentos a pasar el verano se diviertan, reciban atención sanitaria, tengan comodidad y, sobre todo, nos enseñen a generar más conocimiento sobre lo que pasa en su Pueblo y más compromiso. Niñas y niños que, por cierto, no han conocido su tierra de origen, como la mayoría de sus progenitores, que aman su patria en el amor por su patria de quienes fueron expulsados de ella. La mayor fortaleza del Pueblo Saharaui consiste en saber que una tradición milenaria que trasciende de generación en generación nunca podrá ser derrotada.

Esa trascendencia generacional, también, la mantenemos en Izquierda Unida. Nuestra aportación, modesta pero constante, es material (en días como estos) y política (cada día). Tenemos militantes que participan en las asociaciones, cargos públicos y alcaldías que mantienen programas de colaboración con los campamentos, que recogen alimentos, medicinas, que visitan Tinduf, que asumen como propia la lucha del Frente Polisario. Tal vez no esté de moda, no ocupen titulares ni cabeceras de los informativos, pero esa labor cotidiana es una de las mejores maneras de demostrar firmeza en las convicciones. Ese refrán tradicional que dice “El piojo de la alfombra pica y se esconde” no se lo oirás a ningún saharaui refiriéndose a un/a militante de IU.

La noche llegó
cuando estaba amaneciendo
y en medio de la penumbra
surgió una multitud de sombras.
– Bajo sus pies el cielo temblaba –
Venían todos hacia él.
Blancos, negros, indios, amarillos.
Creyentes, ateos, ricos y pobres desnudos.
Todos se abrazaban
se besaban y se perdonaban
los siglos de incomprensión y discordia
lloraban juntos la dicha
de encontrarse a sí mismos
sin intermediarios
ni organizaciones o partidos
sin cumbres, festivales o congresos.
Sólo porque ahora son hombres
nacidos del mismo
polvo de los caminos.
Y él fue a su encuentro.
Estrechó blancas manos negras.
Estrechó amarillas manos indias.
Entonces alguien gritó:
– Ve con tus hermanos, hijo,
ha triunfado el amor a los hombres –
Y él se perdió
en medio de la multitud
acompañado por Don Quijote y Sancho Panza.

Mohamed Salem Abdelfatah, Ebnu.

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