La huella sonora

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José Luis me contó que, días antes del incendio en el Soberao Jazz, había soñado que quitaba las placas de escayola del techo y pintaba las bovedillas de azul cielo.

Días después del incendio, soñé que José Luis estaba tocando su saxo entre las llamas del bar, como cuentan de los músicos del Titanic mientras se hundía en el mar.

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Viaje a ninguna parte

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El dinero lo es todo cuando no lo tienes, pero, cuando lo tienes, vuelve más evidente lo que te falta.

Al poco de morir Rafael Chirbes, la escritora Marta Sanz le dedicó un precioso artículo en donde afirmaba de él que “encarna una figura aparentemente imposible: la del escritor marxista que a la vez es un escritor comprometido con la belleza y la violencia de cada palabra. El impulso de su literatura no es solo ético, sino también estético. No es solo ético, sino también político”.
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Discurso del método

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Copio/pego aquí mi intervención en el Consejo Provincial del pasado 23 de septiembre, donde fui elegido coordinador provincial de Izquierda Unida en Sevilla. Sin ánimo de enseñar, ni búsqueda del lado oscuro de la empatía, sólo por ejercicio de transparencia.  Continuar leyendo

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Comenzar

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Se dice que vivir es siempre comenzar. Mi primer día como coordinador provincial ha transcurrido entre llamadas y mensajes, que creo haber respondido todos, siquiera con un “gracias” o un “me gusta”, no por breves menos agradecidos. Algunas entrevistas, conversaciones de trabajo, intercambio de impresiones y una excelente noticia cercana.

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Cí­rculo de vida

En su lecho de muerte, el magnate de la prensa Charles Foster Kane pronuncia la palabra “Rosebud”. Ciudadano Kane, considerada una de las mejores películas de la historia del cine, es un alegato de las cosas perdidas y de los valores realmente importantes en la vida de los seres humanos.

La mayoría de las personas nacemos sin una referencia en la que basar nuestra existencia, salvo, por decirlo de alguna manera, rebatir esa máxima filosófica que pregunta acerca de si, en realidad, hay vida antes de la muerte. Desde un punto de vista literario, si cada uno de nosotros fuésemos una novela, daríamos argumento para rellenar cientos o miles de páginas, pero no tema. Tenemos ideas, intervenimos en la sociedad con más o menos vigor, dejamos descendencia, herencias, patrimonios o nada, y con eso trazamos una línea al nacer, la alargamos todo lo que podemos, procuramos que sea más o menos estable, sin picos ni ondulaciones negativas, y la terminamos cuando nos quedamos sin aliento para seguir escribiendo más que la palabra fin.

El otro día, mientras veía las cenizas de mi amigo Juan Antonio correr por el canal de los presos, la emoción superó cualquier otro sentimiento, incluído la tristeza por la pérdida de un ser tan querido. En él me sentí no feliz, pero casi, porque tenía la completa seguridad de que estaba asistiendo a algo que no era una despedida. Juan Antonio estaba trazando un círculo que inició al nacer, que le dio sentido a sus pasos, que le hizo volver al principio de una rueda que ya nunca dejará de girar. Su padre, topógrafo del canal, acabó allí los días y ahora su hijo había vuelto al origen con él. Por eso, entre algunas lágrimas, sonreí sin querer evitarlo. Jamás había visto una muerte tan hermosa, tan vida.

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