23.06.2021

No dejes nada sin desatar

Al entrar por el control de seguridad del Parlamento me tomaron la temperatura en la frente. El agente me advirtió: «Tiene usted 40,6º grados»; estuve a punto de responderle «Sí, soy un replicante» (no por la fuerza superior, tal vez sí por la alegoría de la humanidad), pero la broma no superó una segunda toma en la muñeca (36,5º C), si acaso un «arde la calle al sol de poniente», mucho más apropiado para las circunstancias.

Este tipo de bromas autocomplacientes son, no creas, muy útiles. Aunque casi nadie las entienda (o valore: son de autoconsumo), sirven para caminar por lo cotidiano: van formando hitos en miniaturas temporales que se quedan dentro de mi cabeza durante unos instantes y luego se olvidan. El bosque de espinas es otra cosa, las chabolas incendiadas otra vez en los asentamientos de Huelva, la mirada para otro lado ante la brutalidad en Colombia, la falta de escrúpulos a la hora de vetar el fin del genocidio en Palestina…

«200 iniciativas sobre Venezuela, ocho de la guerra en Siria y solo una de la represión en Colombia»

Iñigo Aduriz en eldiario.es, 16 de mayo de 2021

Las concentraciones como las de hoy en Sevilla no van a parar los bombardeos, pero ayudan a recordar que el nudo sigue sin ser desatado. Además, en este caso, la asistencia ha sido más que digna, me ha levanta el ánimo.

A veces las bromas autocomplacientes no bastan, así que añado un complemento vitamínico musical. Durante la semana pasada fueron los dos primeros discos de The House Of Love, que llevaba años sin escuchar y de ahí la voracidad reciente. Esta semana el azar aliado me ha traído una lista de reproducción adaptada a mis diversos microestados de ánimo, o quizá suceda al revés y de verdad mi caso sea el de un replicante enamorado y dependiente de los algoritmos. I love you, Rachael.

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